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Energía

Fukushima: catástrofe en el Pacífico

Noviembre 2011

Actualmente Japón está viviendo su peor momento desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Después de los devastadores efectos del seísmo del pasado 11 de marzo se suma el riesgo de una catástrofe nuclear similar en proporciones a la de Chernobil. 



Los problemas de refrigeración provocaron a tres reactores de la central de Fukushima  importantes anomalías y uno de ellos; que había entrado en una fase de fusión parcial por sobrecalentamiento, terminó con una explosión de madrugada. La agencia de seguridad nuclear de Japón no confirmó si dicha explosión de hidrógeno en el reactor tres de la planta produjo una fuga de radioactividad. 



Que un reactor entre en fase de fusión por falta de refrigeración es el accidente más grave que puede suceder en una central, porque supone que se ha liberado una gran cantidad de energía nuclear con efectos devastadores. Teóricamente el sarcófago que protege el reactor está diseñado para aguantar esa fusión atómica y para evitar la fuga de radioactividad. A pesar de todo, los propietarios de la central y el Gobierno japonés aseguraron que la protección del reactor no ha sido dañada por el seísmo, aunque han sido muy poco transparentes y han intentado minimizar la importancia de lo sucedido. 



El potente terremoto detuvo de forma automática el funcionamiento de 11 centrales nucleares cercanas al epicentro, y se iniciaron las operaciones previstas para extraer el calor residual y llegar al estado de parada en frío, lo que requería la disponibilidad de energía eléctrica. La pérdida del suministro exterior exigió la entrada en servicio de los generadores diésel de emergencia, que funcionaron correctamente hasta que el tsunami invadió la central e impidió el suministro del combustible a los generadores. Las centrales afectadas quedaron aisladas de todo suministro eléctrico, excepto las baterías necesarias para la instrumentación y el control. La disponibilidad de generadores diésel fue el objetivo más urgente, comenzó así el esfuerzo sobrehumano para conseguir la refrigeración del núcleo del reactor, haciendo uso de todas las posibilidades que ofrecen las centrales nucleares y los procedimientos previstos para hacer frente a circunstancias tan adversas. 



El mejor método consistía en la introducción de agua en el núcleo del reactor, dejar que la ebullición se lleve el calor del combustible hasta una piscina que alberga el reactor nuclear. El vapor se condensa en la piscina de agua y se calienta. En circunstancias normales, el agua retorna al reactor a través del sistema de refrigeración, que en dichas centrales quedó fuera de servicio. Al no disponer de este sistema, hubo que poner en práctica otro método, también previsto: dejar que el agua de la piscina se caliente y se evapore, lo que aumenta la presión en el recinto cerrado, como en una olla de cocina, que disminuye dejando salir el vapor y el aire al exterior a través de filtros. Como el agua ha pasado por el núcleo del reactor es inevitable que arrastre algún elemento radiactivo; esta circunstancia ha requerido la evacuación de los alrededores. De esta forma se han estabilizado la mayor parte de las unidades nucleares aceptadas. 



Las unidades 1 y 3 de la central de Fukushima Daiichi no pudieron ser refrigeradas completamente por el proceso antes descrito, por distintas razones, por no disponer de suficiente potencia eléctrica, y por fallos en los sistemas de suministro de agua, lo que ha producido el deterioro de las varillas combustibles, que han reaccionado con el vapor de agua, generando hidrógeno y debilitándose por oxidación dejando escapar una pequeña fracción de los productos radiactivos más volátiles, tales como los gases nobles, el yodo y el cesio, que se han detectado en los alrededores de la central. El hidrógeno desprendido se hizo pasar, tal vez erróneamente, al edificio del reactor, donde reaccionó de forma violenta con el oxígeno del aire, provocando una explosión que destruyó este edificio. 



Las unidades afectadas tienen todavía un tercer procedimiento para extraer el calor del reactor, que trata de refrigerar la vasija del reactor a través de su pared exterior. Hay que llenar de agua el recinto de contención, de forma que la parte más caliente de la vasija del reactor quede sumergida en agua, el gran volumen de agua añadido podrá absorber una gran cantidad de calor, incluso puede llegar a hervir. Los expertos nucleares japoneses han elegido para ello el agua del mar, lo que supone renunciar a recuperar la central. Se espera que este procedimiento pueda ser muy efectivo, aunque largo. 



En el caso de que fallase todo lo anterior, todavía existe un último procedimiento en manos de las autoridades para limitar, e incluso anular, las consecuencias de los accidentes nucleares que puedan producir daños radiológicos a la salud de las personas. Se trata de poner en marcha el plan de emergencia, previamente establecido y comprobado. Los responsables japoneses han demostrado tener al día tal proceso. Se ha visto cómo se ha procedido paulatinamente, de acuerdo con el riesgo de cada fase, a proponer a la población encerrarse en sus casas, evacuar sus domicilios, e incluso se ha previsto la administración de pastillas de yoduro potásico, inofensivo para la salud, para proteger el cuerpo contra el yodo radiactivo. 



El primer ministro japonés, Naoto Kan, declaró que el problema nuclear es totalmente diferente a la de Chernobil, “Se ha liberado radiación al aire, pero no hay informaciones sobre que se trate de una gran cantidad. Estamos ante algo muy diferente del accidente de Chernobil”. 



Ya se esperaba un debate sobre la energía nuclear con la perspectiva que pueden dar los veinticinco años desde el accidente de Chernobil, pero este terremoto en Japón ha vuelto a actualizar la discusión sobre el futuro de esta industria, vital para el desarrollo. De la eficacia con la que Japón resuelva cuanto antes estos graves problemas y de las lecciones que resulten de este incierto episodio dependerá la imagen de la energía nuclear en el mundo durante las próximas décadas. Pero cuestionar el futuro de la energía nuclear resulta cuando menos oportunista ante un desastre que ha de servir para replantear y actualizar los protocolos de seguridad, pero no su continuidad, imprescindible en el mundo actual. 



Y eso, que se suponía que las plantas japonesas eran resistentes a los terremotos y las más preparadas en el mundo para los desastres, pero sólo hay que ver lo que ha pasado. Las zonas sísmicas las convierten en más peligrosas. 



Meses después de la catástrofe, el ex primer ministro recién dimitido, Naoto Kan, ha admitido en una entrevista que los primeros días después del accidente de Fukushima temió que Tokio quedara inhabitable. Admitió que evacuar a los 30 millones de habitantes que tiene Tokio habría sido imposible, por lo que se consideró que la energía nuclear es una opción demasiado peligrosa. 



En otra entrevista realizada con posterioridad, declaró que los primeros días el gobierno realizó una simulación, con una evacuación de 300 kilómetros alrededor de Fukushima, lo que afectaría indudablemente a Tokio. Si los técnicos de la eléctrica Terco hubieran abandonado la central tras el tsunami “es posible que hoy en Tokio no hubiera nadie y que hubieran residuos radiactivos dispersos en una cantidad de decenas superior a Chernóbil ”

El seísmo desplaza a Japón cuatro metros

El terremoto que sacudió Japón el 11 de marzo ha sido tan violento que ha desplazado al país hacia el este, además de modificar el eje de la tierra. 



Los datos facilitados por más de mil estaciones de GPS de la red japonesa Geonet -la mayor del mundo- muestran que la línea costera más cercana al epicentro, en el noreste del país, ha avanzado cuatro metros hacia el oriente (es decir, en dirección a Estados Unidos). En esa zona, señalan los expertos, Japón es más ancho que antes. En el resto del litoral, el desplazamiento ha sido mucho menor. 



Como consecuencia inmediata, señalan los expertos, tanto los mapas de carreteras como los catastros deberán ser modificados. Lo mismo sucede con las cartas naúticas, ya que la profundidad de las aguas costeras ha cambiado. 


Las autoridades japonesas han propuesto elevar la magnitud del terremoto de 8,9 a 9 grados, lo que convertiría al seísmo en el quinto mayor registrado en el mundo desde que existen instrumentos de medida. 



Además, el temblor ha tenido consecuencias planetarias: el eje de la tierra se ha desplazado 6,5 pulgadas (16,7 centímetros) y aceleró el movimiento de rotación, acortando la duración del día en 1,8 millonésimas de segundo. No es algo inédito: el terremoto de Chile del año pasado, de una magnitud de 8,8, movió el eje unos 7,6 centímetros y acortó el día 1,26 millonésimas de segundo. Y el terremoto de Sumatra en 2004 lo hizo en 6,8 millonésimas de segundo. 



El desplazamiento de Japón hacia el este se deriva del reajuste de dos placas tectónicas: la del Pacífico y la Norteamericana, donde se asienta Japón. El terremoto fue provocado por un violento movimiento de la placa del Pacífico, que se desplaza hacia el oeste unos nueve centímetros al año y está incrustada por debajo de la placa Norteamericana. La sacudida ocasionó la brusca elevación de la placa de Norteamérica y el movimiento de grandes masas oceánicas, que derivaron en el tsunami posterior.

Las explosiones en Fukushima avivan la polémica sobre el desarrollo de este tipo de energía 



La terrible catástrofe sufrida por Japón ha afectado a todos los sectores productivos y a la vida de cientos de miles de personas. Pero lo que quizá ha despertado mayor inquietud ha sido el daño sufrido por algunas plantas nucleares situadas en la zona más castigada por los terremotos, empezando por el mayor, de magnitud 8,9, y el tsunami posterior. La inquietud se debe, más que a los efectos nocivos sobre la población o el medio ambiente, menores hasta este momento, sobre todo a la potencialidad de graves emisiones de radiactividad al medio ambiente y al efecto que puede tener sobre el debate mundial acerca del papel de la energía nuclear en el futuro. 



Ante los problemas de seguridad de suministro, volatilidad de precios y emisiones de gases de efecto invernadero, se discute sobre la necesidad de impulsar un profundo cambio en nuestro paradigma energético para las próximas décadas, tanto desde el lado de la demanda, con medidas de ahorro y eficiencia energética, como desde el de la oferta, con fuentes de energía libres de carbono. La energía nuclear es uno de los candidatos a complementar el creciente papel que deben jugar las renovables en nuestro futuro esquema de suministro energético. 



Los sucesos de Japón ya han afectado al debate y han suscitado reservas sobre el uso de esta energía y, dependiendo de lo que ocurra con los reactores dañados del complejo de Fukushima, podrían suponer un nuevo parón de décadas, tal como ocurrió tras los accidentes de Three Mile Island, en 1979, y Chernóbil, en 1986, o incluso un abandono definitivo de la alternativa nuclear. El primer impacto político se ha producido en Alemania: la canciller Merkel ha decidido suspender la prolongación del funcionamiento de sus 17 centrales nucleares en tanto se revisan los estándares de seguridad de las plantas. 



Lo que les ha ocurrido a los reactores de la central de Fukushima es probablemente lo peor que podía imaginarse, con un terremoto de inusitado poder destructivo y un tsunami que, además de agravar los daños, ha dificultado el acceso a las instalaciones y el transporte del equipamiento necesario para paliar los daños. En general, los reactores han respondido con seguridad excepto dos, o quizá tres, en los que está siendo difícil extraer el calor residual generado dentro del núcleo debido a las desintegraciones del material radiactivo en su interior. Si dicho material escapa de los sistemas de contención y se difunde por el exterior, es muy probable que se produzca una reacción contraria a cualquier desarrollo de nuevas plantas, por más seguras y perfeccionadas que sean. 



Si, por el contrario, el inventario de materiales radiactivos se mantiene confinado dentro de los recintos de las centrales, los daños a la salud de las personas serán reducidos, y el debate adoptará formas distintas aunque, en todo caso, supondrán una clara inflexión en la actual tendencia a considerar la energía nuclear como una tecnología valiosa para el futuro. 



Repercusiones socio-políticas 



En cuanto a las consecuencias socio-políticas esperadas en Europa sobre las centrales nucleares japonesas, esta catástrofe ha provocado que volvieran a surgir la lucha entre los partidarios de la nuclearización y los que antinucleares. Los riesgos de la energía se habían ido difuminando ante la lucha contra el cambio climático a costa de reducir la energía de origen fósil. 



Los gobiernos europeos se han dividido casi a la mitad con respecto a la nuclear y se resisten a afinar los instrumentos de control de las centrales, limitándose a garantizar a sus ciudadanos que está todo bajo control. Como Francia, quien cuenta con 58 centrales que le proporcionan el 75% de la energía eléctrica, seguida de Reino Unido, con 23 centrales, ambos con planes de expansión. Mientras, otros han decidido abandonar y dejar envejecer a las centrales sin invertir en nuevas tecnologías, como Suecia, Austria, Italia, Holanda y Alemania. 



Francia 


El ministro de Industria Eric Besson, defendió la seguridad de sus plantas nucleares asegurando que fueron diseñadas contemplando los riesgos de inundación -como si Japón no se hubiera preparado para los posibles riesgos-, y que al tener el parque nuclear más antiguo, es el que mayor seguridad tiene. 



España 


El ministro de Industria, Miguel Sebastián, aseguró que las centrales nucleares españolas son jóvenes y seguras, y seguirán funcionando con normalidad hasta que cumplan su vida útil. Sin embargo, el coordinador federal de Izquierda Unida, Cayo Lara, defendió que el desastre de Fukushima es un aviso a la humanidad, poniendo de manifiesto que ningún país puede jugar con las nucleares, y por ello las centrales españolas deberían acabar su vida en el tiempo que está fijado legalmente en nuestro país. 



El vicesecretario de Comunicación del Partido Popular, Esteban González Pons, dijo que el desastre de Japón es un problema de servicios e infraestructuras y que hay que replantearse la seguridad y las medidas de protección frente a las catástrofes. Mientras, Mariano Rajoy recalcó que hay que contar con todas las fuentes de energía: el carbón, las renovables, el gas y las nucleares. 



Por otro lado, las organizaciones ecologistas españolas aprovecharon para cargar contra la energía nuclear, sobre todo tras recordar que los reactores japoneses más dañados son del mismo tipo que el de Garoña. 



Posteriormente, el Gobierno con el fin de aumentar la seguridad de las centrales, informó del encargo al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) de una auditoría de las condiciones de todas. El análisis se refiere a la posibilidad de que se produzca una catástrofe natural y comprobar si afectaría a sus instalaciones. 



El examen empezará por la central de Cofrentes (Valencia), que el día antes de la catástrofe de Japón vio ampliado en 10 años su vida útil.

Alemania desconecta siete reactores anteriores a 1980 (día 16) 


Ante el aumento de la presión ciudadana por el desastre en la central de Fukushima y la inminente llegada de citas electorales, la canciller alemana Ángela Merkel anunció que desconectará durante tres meses las centrales más antiguas del país, aquellas construidas antes de 1980. Ello implica que siete reactores, de los 17 que tiene en total Alemania, no estarán operativos mientras se realizan exhaustivas pruebas de seguridad en todas las plantas del país. La medida ha sido adoptada por la canciller tras reunirse con los titulares de Miedo Ambiente del país, además de con los cinco presidentes de las regiones que cuentan con centrales atómicas. 



La desconexión representa un giro definitivo en la política nuclear del Gobierno germano, después de decretar una moratoria para suspender provisionalmente la ley que aprobada a finales de 2010 (y que prolongaba la vida de las centrales doce años de media). Merkel subrayó su intención de trabajar en estos tres meses en el fomento de las energías renovables. 



Según las encuestas, entre un 53% y un 60% de los alemanes apuesta por el apagón de todos los reactores lo más pronto posible. Por eso, y ante la inminencia de unas elecciones, la canciller prefiere no tomar decisiones definitivas que puedan colocarla como enemiga de la opinión pública. 



China frena su programa nuclear

China pisa el freno en su programa nuclear, el más ambicioso del mundo, a consecuencia del desastre japonés. El Gobierno chino decidió suspender la aprobación de nuevas centrales nucleares y examinar la seguridad de las existentes. “Hasta que se apruebe un plan de seguridad nuclear, suspenderemos la aprobación de proyectos de plantas nucleares, incluidos los que están en la fase preliminar de desarrollo”, dice la declaración difundida por el Gobierno. 



China había apostado por la energía nuclear para reducir su dependencia del carbón durante la década que viene. En la actualidad, en China operan 13 centrales, pero el nuevo plan preveía aumentar la capacidad de generación nuclear de los 10,8 gigavatios (gW) actuales a 40 gW para el año 2015, cantidad suficiente para poner en marcha a toda España. Esto obligaba a construir 10 nuevos reactores, los primeros de los 40 que, al final de la década, deberían generar 86 gW. 



Rusia y Turquía confirmaron, en cambio, su apuesta por lo nuclear. 



Riesgo de radiación y descontaminación 



Se ha llevado a cabo, en noviembre de 2011, un examen médico de 220.000 personas en donde “no se han presentados efectos adversos para la salud”. El Gobierno japonés ha adjudicado 1.010 millones de dólares a un fondo sanitario para el accidente. Se comenzará con informes detallados sobre los evacuados y exámenes ultrasónicos de tiroides de niños a medio y largo plazo. 



Como consecuencia del accidente, la primera semana se evacuaron unas 80.000 personas de las cuales, la gran mayoría, pertenecían a una zona de hasta 20 km de la central y su evacuación fue obligatoria, mientras que se recomendó al personal situado entre 20 y 30 km prepararse para la evacuación inmediata en caso de que la situación empeorara. Se aconsejó también, la evacuación de un sector de hasta 50 km hacia el noreste, donde la radiactividad tendía hacia una dosis de más de 20 milisievert anuales. 



Después de diversas investigaciones aéreas y en superficie, el Gobierno tratará de reducir la contaminación en las áreas con mayores dosis hasta llegar a 20 mSv/año y las menores afectadas hasta 1 mSv/año en un período posterior. Siempre se ha dado prioridad a la descontaminación de hogares y colegios y lugares donde juegan los niños. 



En muchos hogares se procederá a la limpieza de los desagües, canalones y cunetas; se podarán las plantas de jardines y parques. En los caminos y carreteras se procederá a su lavado, aunque también se considera la opción de levantar la actual superficie y volver a asfaltar. Los suelos y escombros contaminados se conservarán en seco y se separarán de los residuos no contaminados mediante plásticos, una parte se incinerará.

Fuentes: 


ABC, 14 y 16 marzo 2011
El País, 14, 15 y 17 marzo 2011
Público, 14 y 16 marzo 2011
El Mundo, 17 marzo 2011
Revista mensual de Foro de la Industria Nuclear Española nº 536, noviembre 2011

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