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La revolución renovable

El nuevo avión solar sobrevuela el antiguo mundo fósil

Imagen: www.solarimpulse.com

El primer avión que dio la vuelta al mundo sin escalas fue el Rutan Voyager, pilotado por Dick Rutan y Jeana Yeager, en 1986. Fue un trabajo hercúleo. Rutan y Yeager tuvieron que hacerse con un aparato cuyas características cambiaban continuamente, a medida que descendía el peso del combustible, que al despegar suponía el 77% del peso total del avión, es decir unas cuatro toneladas. Treinta años después, el Solar Impulse no tuvo ese problema (tuvo otros). Su fuente de energía no estaba dentro de sus depósitos de combustible, sino arriba, en la radiación solar. Este avión tiene unas alas enormes llenas de paneles fotovoltaicos y puede almacenar la energía recibida durante el día para seguir volando de noche. Sus cuatro motores eléctricos de 7,5 kW le impulsan a unos 70 km/h. Sólo pesa 1,5 toneladas, como un coche mediano. El vuelo del Solar Impulse se presentó como un aldabonazo a las conciencias del mundo: la necesidad de dejar atrás el modelo fósil de abastecimiento de energía. Para ello, se hizo dar la vuelta al mundo a un avión propulsado por energía solar, ¿cabe mejor prueba de la eficacia de las renovables?

La industria petrolera ha reaccionado prontamente a este realidad echando un gran jarro de agua helada sobre el avión fotoeléctrico:
“Para levantar un Boeing 737 del suelo, necesitarías 1.600 toneladas de baterías de ión-litio, que pesarían 21 veces más que el avión propiamente dicho”. Ahora mismo, esta frase dice la verdad, pero usa un truco, el de suponer un avión convencional (el Boeing 737, el reactor comercial más vendido del mundo) movido por una tecnología futurista. Es probable que los futuros aviones comerciales fotovoltaicos no se parezcan mucho a los actuales.

Mientras tanto, el angustiado titular de Le Monde lo resume todo: 2015 fue el año de todos los récords climáticos. Y 2016 no va ser mucho mejor. Se avecina lo que ahora se llama “la nueva normalidad”, en la que, por ejemplo, las olas de calor desaparecerán: todo el verano será una densa torradera sin solución de continuidad desde mediados de junio hasta mediados de octubre. La respuesta de la industria convencional de la energía es “bussines as usual”: leyendo sus declaraciones oficiales queda claro que los combustibles fósiles seguirán siendo muy importantes dentro de muchos años. No existe un consenso mundial para llevar a cabo la transición energética, hay demasiado petróleo por vender y quemar todavía. Toda la euforia de la COP 21 se ha disuelto como un azucarillo en el agua frente a la dura realidad que refleja esta web de la IOGP (Asociación Internacional de Productores de Gas y Petróleo). Mientras tanto, el avión solar sobrevuela un mundo fósil cada vez más devastado…

Jesús Alonso Millán

 

 

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