Sociedad y Medio Ambiente

El derroche de alimentos

Junio 2013

Hace un tiempo se llevó acabo una campaña en el gobierno británico sobre el derroche de alimentos que ha servido de precedente para que Bruselas y su Observatorio de Consumo Sostenible lanzasen una campaña sobre su desperdicio. En la campaña, pudo demostrarse cómo algunas costumbres comerciales de las grandes superficies favorecen el derroche que llevan acabo muchas familias. 



El estudio se basó en el análisis de la basura de la capital belga, donde el derroche de alimentos era de 15,2 kg/hab/año (12% de los residuos domésticos).

La conclusión de estos estudios fue que un tercio de los alimentos producidos se arrojan a la basura sin ser consumidos, que en el lenguaje económico serían unos 175 euros por hogar medio al año. 
 



Además, en relación a este último punto, el Centro Belga de Investigación e Información de las Organizaciones de Consumidores (CRIOC) remarcó la presencia de técnicas comerciales existentes que animan al usuario a comprar de forma compulsiva, llegando a sobrepasar sus propias necesidades; a parte de estos, también se señalaron otros responsables, como los elaboradores, que fabrican embalajes difíciles de vaciar completamente, productos que sólo están disponibles en cantidades desmesuradas, embalajes que cierran mal. 

 



En cuanto a precios de los alimentos, estos han ido aumentando de precio debido a diferentes factores. 

 


España 





El presidente de la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL), José Antonio Busto, apeló a un “cambio de mentalidad” para evitar el “despilfarro” de comida en el actual contexto de crisis; pareciéndole un despropósito que Europa tire cada año la mitad de los alimentos que produce en vez de “desplazar los recursos desde donde sobran a donde faltan”. 

 



En España, se derrochan anualmente casi tres millones de toneladas de alimentos, lo que se traduce en 163kg/hab. El 30% de la comida empaquetada se tira sin haber sido abierta, sobre todo frutas y hortalizas.

Los bancos de alimentos, en el año 2011 atendieron a 1,3 millones de personas y repartieron 104 kilos de comida por un valor de 280 millones de euros. Esto ha supuesto un coste para ellos de 2,8 millones de euros, por lo que “cada euro que entregan a la federación se convierte en cien”. 


 


Existen además muchas iniciativas contra este despilfarro, como recordó Ecologistas en Acción. A las prácticas, antes comunes, de hacer jabón con el aceite usado, productos de limpieza a base de vinagre y bicarbonato, remendar la ropa, arreglar los aparatos estropeados y aprovechar los restos de comida, se suman las tiendas de segunda mano, los vehículos compartidos, las redes de intercambio, los huertos urbanos, las cooperativas de trueque o los bancos de tiempo. 

 


Una de las ideas más originales y con resultados espectaculares es el programa “Tu basura vale un huevo”, una iniciativa que consiste en alimentar gallinas con los residuos orgánicos que los socios traen a diario de casa. Los huevos se reparten después entre los participantes y el resultado da una proporción cercana a un kilogramo de residuos orgánicos por un huevo. 



Contaminación por derroche 





A parte de todos los puntos en contra anteriormente expuestos que tiene el tirar o derrochar alimentos, también se produce un alto grado de contaminación. 


En un estudio realizado por científicos británicos, asegura que los restos de leche que se tiran en su país cada año, crean una huella de carbono equivalente a las emisiones de los tubos de escape de miles de automóviles. 


Cada año llegan a desperdiciarse en el Reino Unido cerca de 360.000 toneladas de leche, lo que genera unas emisiones iguales a las que emiten unos 20.000 coches anualmente. 

 



Aunque no es la leche lo que contamina, sino las explotaciones ganaderas necesarias para producirla. 


En este aspecto, este derroche y contaminación no solo se refiere a la leche, sino a cualquier cantidad de comida que se compra y no es aprovechada; como por ejemplo el pollo consumido en Japón llega a contaminar lo mismo que 10 millones de automóviles. 

 



También las industrias de alimentos pueden llegar a reducir las emisiones mediante formas más eficientes de utilizar fertilizantes. La agricultura es la mayor fuente de óxido nitroso, un potente gas de efecto invernadero que se emite por el suelo y los fertilizantes. La producción de carne envía a la atmósfera aún más emisiones que los cultivos, ya que grandes cantidades de cereales se cultivan para alimentar al ganado. 





Buenas prácticas 
 



Luchar contra este derroche está en manos de todos (tanto fabricantes como consumidores), mediante el empleo de prácticas sencillas como la venta a granel, la disposición de sacos isotérmicos en congeladores o las instrucciones de conservación en los alimentos. 


Además el CRIOC recomienda planificar la compra el día anterior en casa y no dejarse llevar por las ofertas llamativas que lanzan algunos productos o comercios.

Lo anteriormente comentado, es desde el punto de vista del derroche y la contaminación. Sin embargo, existe otro aspecto muy relacionado con este tema y es el hambre. 



Una de cada siete personas del planeta se va a la cama hambrienta, y no por estar a dieta. Según el Organismo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), cada año se desperdician 1,3 billones de toneladas de comida y más de 20.000 niños menores de 5 años mueren de hambre cada día. 



La producción global de alimentos ocupa un 25% de la superficie habitable y conlleva un 70% del consumo de agua, un 80% de la deforestación y un 30% de la emisión de gases. Supone, por tanto, una de las actividades que más afectan a la pérdida de biodiversidad y a los cambios en el uso del suelo. 



En los países en vías de desarrollo la mayor parte de los desechos se producen en la primera fase de la producción, que podrían controlarse con técnicas de gestión y financieras que mejoraran el almacenamiento y la conservación de los alimentos. Por ello, la FAO insta a reforzar el proceso a través de la ayuda a granjeros e inversiones en infraestructuras y transporte. 



De la A a la Z 



El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha elaborado una guía de la A a la Z para saber cómo mejorar nuestro compromiso con el planeta: 


Bebe agua del grifo: la embotellada cuesta 1.900 veces más. 

Compra productos locales: el transporte de alimentos engrendra una gran cantidad de emisiones. 

Favorece un consumo responsable: no pidas más de lo que no puedas comer. Guarda los restos de alimentos del día anterior y busca maneras creativas de cocinarlos al día siguiente. 

Haz la compra y acuérdate de llevar una bolsa de tela y una lista con los alimentos que necesitas. 
«A pesar de que a veces las acciones individuales parecen insuficientes para solucionar problemas de magnitudes globales, cuando billones de personas unen sus esfuerzos a favor de una causa, es posible lograr un cambio», subraya Ban Ki-Moon, Secretario General de Naciones Unidas.

Enlaces de interés:

www.pnuma.org

Fuentes: 


Ladyverd, 10 diciembre 2009
Público, 16 abril 2010


ABC, 14 mayo 2012,
Ecoticias, 28 agosto 2012
ABC, Natural 05 junio 2013

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