Cambio Climático

Efectos del Cambio climático

Octubre 2014.

Acidificación de océanos

El aumento del CO2 llegará a dejar a los océanos, lo que perturbará la biodiversidad marina, sobre todo en zonas costeras. Los países más afectados coinciden con los países más contaminantes del mundo: EE.UU., China, Japón, Canadá, Reino Unido y Corea.

Si las conjeturas lanzadas se cumplieran, muchos mares del mundo podrían llegar a tener aguas corrosivas para sus habitantes marinos, como corales, moluscos, algas, equinodermos, crustáceos…

El océano, al absorber CO2, se vuelve más ácido, lo que perturba el proceso de calcificación con el que las criaturas marinas construyen conchas y arrecifes de coral. Además, los otolitos, unas estructuras de carbono cálcico que se encuentran en el oído interno de los peces, crecen de forma anormal en un océano rico en CO2, provocando problemas de orientación y posteriores problemas en su supervivencia

En Junio de 2009 más de una veintena de especialistas en arrecifes de coral y cambio climático se reunieron en la Royal Society de Londres, en representación de varias universidades, agencias gubernamentales de investigación y el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático. Señalaron que el ritmo previsto de emisiones supone que para el 2050 se habrá alcanzado una cantidad 450ppm de CO2 en la atmósfera, lo que pondrá a los corales en el camino de la extinción.

Un objetivo aceptable par evitar estas catástrofes, sería que los gobiernos acordaran un techo de 350ppm de dióxido de carbono, situación posible si se alcanza una reducción de emisiones del 85% por debajo respecto del año 2000.

Falta de oxígeno y aumento de la temperatura

Existe una relación entre el calor de los océanos y la falta de oxígeno, reduciendo el tiempo de supervivencia de los organismos un 74%, en las condiciones actuales de estos.

Las zonas marinas dónde más se nota son los estuarios, las bahías cerradas, los lugares con exceso de presión humana y las áreas con poca circulación de agua. A estas condiciones se suman las riadas en las que el agua dulce y la materia orgánica arrastradas, ahogarán más las costas, produciendo mayores niveles de estancamiento.

Esta disminución del oxígeno es producida por la estratificación que se produce en el agua y evita el intercambio de oxígeno en esta.

De entre todos los organismos marinos, los primeros damnificados serán los crustáceos, mucho más sensibles tanto al aumento de la temperatura como a la falta de oxígeno. En cambio, la resistencia al cambio climático la podrían liderar los moluscos, mucho mejor preparados para defenderse de estas situaciones adversas, ante las que responden con distintas estrategias.

Fitoplancton

El fitoplancton está en declive en el planeta; cada año el fitoplancton global se reduce un 1% por el cambio climático, especialmente en las regiones polares y ecuatoriales. Estos microorganismos suponen aproximadamente la mitad de la producción de materia orgánica del planeta y de oxígeno atmosférico.

Según Daniel G. Boyce, de la Universidad Dalhousie de Canadá), “ el fitoplancton marino influye en la abundancia y diversidad de organismos marinos, determina el funcionamiento de los ecosistemas y establece un límite máximo de pesca”. Desde 1950, la reducción en la concentración de estas algas es de un 40% en el hemisferio Norte. “el declive del fitoplancton debido al clima es otra importante dimensión del cambio global en los océanos, que ya están fuertemente alterados por la pesca y la contaminación. El fitoplancton es una parte crítica de nuestra vida planetaria: produce la mitad del oxígeno que respiramos, absorbe CO2 y, en última instancia, es la base de toda la pesca” comenta Marlon Lewis. El declive de estos organismos está relacionado con el aumento de temperatura del agua ya que estos organismos necesitan de la luz solar y de los nutrientes para proliferar, y la estratificación en capas de las aguas oceánicas templadas limita la cantidad de nutrientes que emergen a la superficie desde las profundidades; y el calentamiento del mar estratifica todavía más los océanos tropicales y reduce los nutrientes.

Fitoplancton contra el cambio climático

Sorprendentemente, mientras están desapareciendo grandes cantidades de fitoplancton en todo el mundo, grandes masas de fitoplancton están floreciendo en áreas de nuevas aguas abiertas surgidas de la reciente y rápida retirada de masas de hielo marino y glaciares alrededor de la Península Antártica. Esta remarcable colonización está teniendo, paradójicamente, un beneficioso impacto en el cambio climático. A medida que estas masas culminan su ciclo vital, el fitoplancton vuelve al lecho marino donde puede almacenar carbono durante miles de millones de años.

En un estudio publicado recientemente en la revista Global Change Biology, científicos del British Antarctic Survey (BAS) estiman que este nuevo sistema natural de absorción de CO2 puede estar ya eliminando unos 3,5 millones de toneladas de carbono del océano y la atmósfera cada año.

El profesor Lloyd Peck, autor principal del estudio, dice: “aunque esta es una pequeña cantidad de carbono comparada con la emisión global de gases de efecto invernadero en la atmósfera es, en cambio, un importante descubrimiento. Muestra la habilidad de la naturaleza para prosperar en medio de la adversidad. Necesitamos calibrar esta absorción natural de carbono en nuestros cálculos y modelos para predecir el cambio climático en el futuro. No sabemos si veremos más eventos de este tipo en el resto de la costa antártica pero es algo en lo que nos vamos a detener para analizar en detalle”.

Este investigador y su equipo compararon los registros de retirada glaciar costera con los de densidad de clorofila (el pigmento de las plantas verdes esencial para la fotosíntesis) en el océano. Hallaron que en los últimos 50 años, el hielo fundido ha dejado al menos 24.000 kilómetros cuadrados de nuevas aguas abiertas en el mar en torno a la Península Antártica, zona que ha sido colonizada por fitoplancton que absorbe carbono. De acuerdo con los autores, este fenómeno representa el segundo mayor factor activo contra el cambio climático con origen en la propia naturaleza tras la aparición de nuevos bosques en tierra firme en la zona del Ártico.

Glaciares

Cada vez son más los informes científicos que alertan sobre los efectos irreversibles del deshielo de los glaciares a nivel global, debido a los efectos en cadena que originaría.

El más inmediato, un incremento del nivel del mar (que ya avanza cada año 1,8 cms.), hasta llegar a los 7 metros en mil años, y un aumento de la temperatura anual superior a un grado desde hace varias décadas.

Éstas unidades que pueden parecer pequeñas a ojos de un profano, esconden una gran merma en las cosechas mundiales, una triplicación de la población afectada por el hambre, y miles de millones de desplazados ante el avance del desierto y la falta de agua dulce, que constituye sólo un 3% del total de agua disponible en la Tierra. Un estudio encargado por el gobierno británico advirtió del poco margen de maniobra que tenemos para mantener los gases de efecto invernadero por debajo de los niveles “catastróficos”.

Además, es necesario recordar que aunque el aumento de temperatura podría beneficiar a unas pocas regiones situadas en zonas de montaña suavizando su clima, grandes asentamientos a nivel del mar se verían perjudicados por el nivel del mar y la acidez de las aguas, que afectaría a toda la cadena trófica marina, y por supuesto, destrozaría los arrecifes coralinos.

Los científicos creen que existe la tecnología para frenar el cambio climático, como las energías renovables o utilizar un tipo de carbón cuya combustión no emita tanto CO2, pero admiten que su puesta en práctica topa con enormes resistencias económicas, políticas y de costumbres. Un consenso emergente en la comunidad científica insiste en la necesidad de urgentes y apreciables recortes en las emisiones de dióxido de Carbono.

Los glaciares son un excelente indicador de la velocidad del cambio climático en la Tierra. Un “pequeño” aumento de la temperatura (1 grado centígrado), comienza a fundirlos, y les hace retroceder. Un estudio publicado por el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (UNEP) reveló en agosto de 2005 que los glaciares europeos habían retrocedido un 25% en los 30 últimos años, cantidad semejante al retroceso experimentado (un 35%) desde mediados del siglo XIX hasta hace 30 años. Con una previsión razonable del calentamiento global, se podría llegar al total deshielo en pocas décadas, dejando sólo algo en los picos más altos, pero nada en la lengua en sí.

El deshielo no es excesivamente grave en España, pero sí en los países alpinos, que miden cada centímetro. El turismo, el esquí y el alpinismo dependen de ello. Desde el Servicio Mundial de Control de Glaciares de la Universidad de Zúrich se colabora con el UNEP para actualizar cada cinco años el estado de los glaciares en el mundo (“los altavoces del cambio climático”, en palabras del responsable en España de este Servicio, el catedrático Eduardo Martínez de Pisón).

Los glaciares, finalmente, abastecen a los grandes ríos, de los que beben millones de personas; si se funden, provocarán inundaciones en un primer momento, seguidas de largos períodos de sequía. Mientras tanto, según todos los cálculos oficiales, el termómetro sigue subiendo.

Deshielo

En noviembre de 2009 se ha detectado por primera vez en 15 millones de años que el Ártico comienza a fundirse. Hasta entonces el Ártico disponía de una cubierta de hielo permanente, variable en función de la época estival o invernal. Según expertos, el deshielo completo se produciría en 20 años y, a día de hoy, la realidad es mucho más pesimista de lo que se había estimado (se ha alcanzado el nivel de deshielo estimado para el año 2020).

Campaña Acex

Gracias a la capacidad de los glaciares de contarnos que ha ocurrido a lo largo de la historia (desciframiento de la secuencia de hielo y deshielo), se puede explorar el futuro leyendo lo que se refleja en el subsuelo del fondo marino. Hasta ahora se sabe que el océano Ártico comenzó a congelarse hace 47 millones y medio de años de forma estacional y que en los últimos 14 o 15 millones de años la parte central ha estado helada permanentemente. Esto se espera que vuelva a cambiar debido al efecto del cambio climático, produciéndose el deshielo en verano.

Pero obtener el registro de los sedimentos acumulados en el subsuelo marino no es tarea fácil. Para ello se inició la campaña denominada Acex (verano 2004) que requirió un buque perforador y dos rompehielos. Las muestras se sacan del fondo marino en forma de cilindros a partir de una cala vertical de 428 metros de profundidad y con 1.300 metros de agua encima. Esto se constituyó como el primer registro temporal largo del Ártico, y costó 12,5 millones de euros. La clave de las muestras residió en la presencia de diatomeas (plantas unicelulares), que, similares a las que se encuentran hoy día, están adaptadas a vivir a temperaturas muy bajas y en la oscuridad; por lo tanto condiciones de superficie del mar helada.

Aunque Acex ha dado buenos resultados, científicos del mundo se reunieron en septiembre 2009 para diseñar una continuación del Programa Integrado de Perforaciones Oceánicas (IODP), que finaliza en 2013. Los objetivos principales se centrarán en investigar el papel de los gases de efecto invernadero en la transición entre periodos fríos y templados de la historia climática del planeta y la magnitud, velocidad y localización de los correspondientes cambios en el nivel del mar, mediante perforaciones de mayor profundidad.

Fuentes:
El País, 29 de agosto de 2005 y 31 de enero de 2006
ABC, 31 de enero de 2006
El País, 23 de noviembre de 2009
EUROPA PRESS, 10 de noviembre de 2009
El País, 29 de julio 2010
Público, 29 de junio de 2009
El Informador, 06 de julio de 2009
Elmundo.es, 07 de julio de 2009
Portaldelmedioambiente.com, 3 de diciembre de 2009
Público, 3 de diciembre de 2010

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