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Sociedad y Medio Ambiente

Debate sobre los transgénicos

Agosto 2010

La imposición de los transgénicos ha generado un movimiento de resistencia global, especialmente fuerte en Europa. Tanto es así, que esta movilización social frente a los transgénicos se considera una de las primeras y más masivas protestas comunes a nivel continental. 



Los cultivos transgénicos se están extendiendo con mayor rapidez que cualquier otra técnica agrícola en la historia, a pesar de la controversia abierta en torno a sus riesgos, a saber, la contaminación genética, la aparición de plagas resistentes y el posible daño a la salud de los consumidores. 



En el umbral del siglo XXI, la agricultura mundial se encuentra atrapada en un acre debate sobre los organismos genéticamente modificados (OGM). Este debate, caracterizado por una tempestuosa mezcla de ciencia, economía, política y ética, se lleva a cabo tanto en laboratorios de investigación, salas de juntas empresariales, cámaras legislativas y oficinas de periódicos, como en cafeterías comunes y corrientes, y hogares particulares: en síntesis, en casi todos los lugares donde la gente produce y procesa alimentos o simplemente habla de ellos.

En Gran Bretaña, el príncipe Carlos –de manera pública y reiterada– declara su oposición a los OGM, llamados “alimentos Frankenstein” por la prensa británica. En México, activistas encapuchados trepan al monumento del Ángel de la Independencia y cuelgan cartelones de protesta contra la importación de maíz transgénico. En la India, los manifestantes toman por asalto estaciones experimentales y arrancan de cuajo las plantas genéticamente modificadas de las parcelas de ensayo. En Italia, manifestantes desnudos y empapados con pintura roja que simula sangre arrojan tomates genéticamente manipulados al Secretario de Agricultura estadounidense, que está de visita en el país, para demostrar su oposición a las importaciones de maíz y soja transgénicos. 



La primera planta transgénica se produjo en 1983 y en 1994 comenzaron los cultivos a gran escala. A España llegaron en 1988 y según los datos de Greenpeace aquí se cultiva el 80% de los transgénicos de Europa, lo que traducido a nivel nacional engloba 80.000 hectáreas de 3500.000, es decir, casi una cuarta parte de los cultivos. Los mas habituales: soja, maíz, colza y patatas. 



La Unión Europea ha intervenido y en la actualidad está en vigor la Ley 9/2003 y la normativa que la desarrolla. Además las Comunidades Autónomas han dictado gran cantidad de normas específicas y existen disposiciones sectoriales. 



¿Qué es un OGM? 



Los OGM son organismos vivos (plantas, animales o bacterias) cuyo material genético ha sido modificado mediante la inserción de un gen extraño, que puede provenir de muchas fuentes diversas. La modificación pretende aumentar el valor comercial del organismo receptor. Los cultivos genéticamente modificados por lo general se han creado para hacer una de dos cosas: 
(1) reducir los costes de producción a nivel de fincas (por ejemplo, por su resistencia a plagas y enfermedades) o (2) incrementar la calidad del producto (por ejemplo, porque mejoran la apariencia, el contenido nutricional o las características de procesamiento o almacenamiento del cultivo). 


¿Cómo se producen los OGM? 



Los OGM se producen mediante un proceso conocido como ingeniería genética, en el cual se transfieren de un organismo a otro genes que confieren características útiles. La ingeniería genética comienza con la identificación del gen responsable de una característica de interés. Una vez identificado y aislado el gen, puede ser insertado en una célula –en este caso la célula de una planta de cultivo– usando alguna de las diversas técnicas disponibles. 



¿Por qué son objeto de tanta polémica los OGM? 



Con la ingeniería genética es posible rebasar límites “naturales”, al transferir genes entre organismos completamente distintos (por ejemplo, un gen que otorga tolerancia al frío es transferido de un pez a una planta de fresa). Por esa razón, hay quienes consideran que los OGM son organismos “artificiales” que violan las leyes de la naturaleza. Otros opinan que esta distinción es arbitraria porque la mayoría de los alimentos que consumimos hoy día han sido radicalmente modificados durante miles de años, ya sea mediante la selección deliberada o la mutación accidental. 



Una de las desventajas de los transgénicos es que la investigación necesaria requiere un gran gasto económico y suele llevarse a cabo por multinacionales que pretenden recuperar la inversión. Esta política puede generar polémica cuando los sectores mas desfavorecidos no pueden tener acceso a estos cultivos. Otras desventajas son la posible contaminación genética y que no está demostrado que sean inocuos. 



Está además documentado que estos cultivos fomentan lo peor del modelo de la agricultura industrial: abuso de agrotóxicos, deforestación, daños sobre la biodiversidad, monocultivos, desplazamiento de comunidades campesinas, destrucción de los modelos de agricultura mas sostenibles, y el control de la agricultura por unas pocas multinacionales. 



El etiquetado es una cuestión controvertida que contrapone el interés de la industria alimentaria, que teme el efecto de esta información en el público, y en las asociaciones de consumidores. La ley es clara: los alimentos que contengan, consistan o se hayan producido con transgénicos deben hacer constar esta circunstancia cuando su contenido exceda del 0,9% de los ingredientes. 



¿Quién produce los OGM? 



Gran parte de la investigación sobre cultivos transgénicos se realiza en países industrializados, principalmente en América del Norte y Europa Occidental (aunque ahora muchos países en desarrollo han iniciado investigaciones de ingeniería genética). Han crecido un 11% en 10 años y ocupan ya 114 millones de hectáreas. Se comercializan variedades de soja, maíz, algodón, colza, calabaza y papaya. Existen, por ejemplo, 25 variedades de maíz transgénico autorizadas en la UE. Francia y Portugal, que abandonaron estos cultivos hace años, han vuelto a sembrar. En España se dedican 75.000 hectáreas al maíz transgénico. Entre las principales empresas de la industria semillera mundial (con un valor de 23 mil millones de dólares) figuran DuPont/Pioneer, Monsanto/Pharmacia & Upjohn, Novartis, Aventis, Groupe Limagrain y Advanta, cuyos ingresos combinados sumaron 5.600 millones de dólares en 1997. 



Los EEUU y Canadá producen la mayor parte de cultivos transgénicos (el 60% del área cultivada); los países en vía de desarrollo contribuyeron a un 38% de los mismos en 2006, casi todos en Argentina, India y China. 



Ventajas asociadas a los OGM 



Como ya se ha mencionado anteriormente, los beneficios asociados a los OGM son:

1) mayor productividad, dado que la mayoría de los cultivos transgénicos que se siembran hoy día han sido diseñados para aumentar el tamaño de la cosecha, ya sea reduciendo el empleo de insumos o incrementando los rendimientos.

2) mayor calidad, porque con los avances recientes en ingeniería genética, se espera que se acelere notablemente el proceso de generación de variedades con mayor contenido de vitaminas y minerales. 



Riesgos asociados a los OGM 



Los riegos pueden repercutir negativamente tanto para la salud humana, animal y para el medio ambiente: 



1) Riesgos para la salud humana: si bien no hay pruebas de que ninguno de los transgenes encontrados en los alimentos genéticamente modificados sea nocivo para el ser humano, una preocupación con frecuencia expresada es que el consumo difundido de estos alimentos pudiera llevar a un aumento de enfermedades resistentes a los antibióticos de amplio espectro. 


Las preocupaciones principales sobre la seguridad alimentaria se refieren a la posible presencia de alergenos o toxinas y otros cambios no intencionados en la composición del alimento. Sin embargo, hasta la fecha, en ninguna parte del mundo se han descrito efectos tóxicos o nutricionalmente nocivos debidos al consumo de alimentos transgénicos. Las autoridades nacionales sobre seguridad alimentaria de diversos países han evaluado los cultivos transgénicos que se comercializan en la actualidad, así como los alimentos derivados de los mismos, mediante procedimientos basados en principios acordados internacionalmente. Han considerado que todos ellos son aptos para el consumo.

2) Riesgos para los animales: el daño que los cultivos resistentes a insectos causan en los organismos no destinatarios como el ganado y las aves de corral consumen grandes cantidades de maíz y soja (que pueden haber sido genéticamente modificados), la posibilidad de que esto genere resistencia a los antibióticos ha sido señalada por algunos ganaderos. Si los OGM provocaran un aumento de la resistencia a los antibióticos, éstos podrían volverse ineficaces, lo cual incrementaría el costo de mantener la salud de los animales. También se ha expresado la preocupación de que la resistencia a los antibióticos pudiera ser transferida a las personas que consumen productos de origen animal. 

 


3) Riesgos para el medio ambiente: el mayor riesgo es la contaminación genética. Las plantas y cultivos silvestres pueden cruzarse genéticamente con estas nuevas especies, siendo esto un grave peligro para la conservación de las especies puras, lo que supondría pérdida de biodiversidad genética. 



Un equipo de científicos presentaba en agosto ,lo que aseguraba que era la “primera evidencia” de que las plantas transgénicas se escapaban de los cultivos y se asientan en el medio natural. 



Los científicos entre los que se encuentran dos miembros de la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU., recorrieron durante el mes de julio unos 5.400 kilómetros de carreteras en Dakota del Norte, recogiendo muestras de colza silvestre en las cunetas. Es este estado se encuentra la mayor parte de las más de 600.000 hectáreas de colza cultivadas en EE.UU. Y más del 90% son variedades cuyos genes han sido modificados para que sean resistentes a los herbicidas. Según los investigadores, que anunciaba en Pittsburg sus conclusiones, de las 406 plantas silvestres recolectadas, 347 presentan genes de resistencia a los herbicidas. Más del 86% posee en su genoma contaminación genética procedente de los vecinos cultivos de colza transgénica. 



Lo anunciado en agosto no era la primera demostración de fugas en los cultivos de colza transgénica. En 2008, científicos canadienses de la Universidad de Manitota publicaron en la revista Leed Science la primera evidencia de que el flujo genético provocaba la acumulación de resistencias a diferentes herbicidas, procedentes de diferentes cultivos transgénicos, en los mismos ejemplares de colza escapados de las fincas. Y en 2009, en Japón, un equipo de la Universidad de Yokkaichi constató que la colza transgénica se había extendido accidentalmente alrededor de los 13 puertos a los que llegan las importaciones de este producto con destino a las fábricas de aceite. 



La compañía estadounidense de Monsanto, que controla el mercado mundial de semillas transgénicas, es propietaria de la patente de algunas de las variedades de colza que han escapado de los cultivos. La multinacional considera que la creencia de que el fuljo genético de los cultivos biotecnológicos amenaza la biodiversidad es un “mito”. 


Según la multinacional, “un estudio de diez años llevado a cabo por un respetado ecologista británico encontró que los cultivos biotecnológicos resistentes a los herbicidas no sobreviven bien en un entorno natural y no es probable que puedan invadir otros hábitats que no sean cultivos de plantas de peor calidad”. Además, “las plantas no mostraron capacidad de reproducción autónoma, ni de automantenimiento y no se extendieron en el área circundante”. En el estudio que se presentó en agosto, no obstante, si observó que las poblaciones asilvestradas se reproducen. 



Aunque el conocimiento científico sobre los procesos ecológicos y la seguridad alimentaria es incompleto, muchos de los riesgos destacados para los cultivos transgénicos guardan semejanza con los riesgos inherentes a la agricultura tradicional. Debe continuar la evolución detallada caso por caso con el fin de minimizas la posible aparición de problemas.

Fuentes: 


El País, 13 enero 2006
Revista Investigación y Ciencia, noviembre 2007
ABC 14 febrero 2008
Público, 6 agosto 2010

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