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Suelos contaminados

Contaminación silenciosa, un problema bajo tierra

michael-weidner-565728-unsplash(1000)Photo by Michael Weidner on Unsplash

 

Se habla mucho de un montón de tipos de contaminación que nos atañen actualmente y de cómo afectan a nuestras vidas, pero hay un problema ambiental olvidado por esta actualidad informativa. Se trata de la problemática de los suelos contaminados.

La contaminación del suelo, llamada también “contaminación silenciosa”, está muy poco tratada en los medios y parece que no se le da la suficiente importancia. Si no se tiene en cuenta, nos costará mucho más a largo plazo.

Este tipo de contaminación es más relevante de lo que pensamos, puesto que puede condicionar a todo nuestro entorno y afectarnos de manera indirecta. No solo puede contaminar el suelo, sino que puede llegar al agua o incluso a los alimentos que consumimos. No es un tema ampliamente difundido por los medios, como tampoco sus consecuencias.

En todos los países del mundo, existen normativas e inventarios que no solo catalogan estos suelos, sino que imponen medidas para su recuperación. En España existen numerosos casos como el caso de Flix (Tarragona), Palomares, el Paraje de El Hondón, las Marismas de Mendaña en el estuario del Río Tinto en Huelva, en el río Jarama  a su paso por las provincias de Madrid y Toledo y la laguna de Arganda del Rey.

Sí, poseemos un inventario de suelos contaminados por hidrocarburos u otro tipo de compuestos con sus correspondientes medidas a aplicar, pero, ¿qué ocurre con los suelos contaminados por radioactividad en España? Hay un vacío legal, es decir, para estos suelos no hay una normativa estatal que los regule.

Hay en trámite una modificación de la Ley de Energía Nuclear, aunque todavía no se ha aprobado nada. De ahí que las críticas vayan hacia esa demora, motivadas recientemente  por las balsas del Jarama contaminadas tras el accidente de 1970 de la entonces Junta de Energía Nuclear, en la Moncloa.


¿Qué sucede con estos contaminantes una vez que están en el suelo o en el agua?

Hay numerosos contaminantes que pasan al suelo como hidrocarburos, pesticidas, residuos nucleares…, los cuales permanecen más o menos tiempo. En el caso de los hidrocarburos, se clasifican en baja densidad y alta densidad.

Los de baja densidad (como la gasolina) tienden a quedarse cerca de la superficie del subsuelo o de las aguas y son los primeros en manifestarse. En cambio, los de alta densidad tienden a irse al fondo y tardan más en manifestarse, pero acaban perdurando más tiempo, ya que no se disuelven al instante. Es el caso de la laguna de Arganda del Rey (Madrid).

Por otro lado, en el caso de los residuos nucleares, clasificados en baja y media actividad (radionucleidos de uranio y torio…) y alta actividad (plutonio…), por el tiempo que tardan en desintegrarse; afectan a largo plazo y es necesario una rápida actuación para neutralizar su peligrosidad.


¿Cómo nos afecta esto a nosotros?

Nos puede afectar por tres vías, a través de los alimentos que ingerimos o el agua, por inhalación, debido a que algunos son compuestos volátiles, o por contacto con la piel. Esta contaminación, aunque no se vea, está ahí, y puede ocasionar problemas de salud derivados.


Como ejemplos podemos citar, estos casos:

Uno de los más graves es el caso de Flix, embalse contaminado por lodos de fosfatos con Uranio-238, provocados por la actividad de la empresa Ercros. El embalse, no sólo tenía estos lodos, sino también una bolsa tóxica en el suelo con niveles muy altos de metales pesados y compuestos organoclorados. Se estima que la descontaminación durará hasta 2022. Se ha empezado la retirada de los lodos del fondo del pantano.

El caso de Palomares, donde en 1966 la contaminación se produjo de manera militar, por la colisión de un bombardero estadounidense y un avión nodriza, con la consiguiente caída de cuatro bombas nucleares. Su caída hizo que en el terreno quedarán Plutonio-239 y Americio-241 (residuos de alta actividad). Todavía se siguen haciendo seguimientos en la población, y posiblemente estos suelos nunca volverán a su estado anterior. Es un caso accidental.

El Paraje de El Hondón, en Cartagena (Murcia), al que todavía no ha llegado la declaración de suelo contaminado, en el que se encuentran lodos de fosfatos con presencia de Uranio-238. Se pide la eliminación de esos lodos puesto que el paraje sigue abandonado.

Otros de importancia menor son las Marismas de Mendaña, en el estuario del río Tinto en Huelva, con presencia de Cesio-137, generados por la empresa Atalaya Riotinto Minera, a la que el TSJA (Tribunal Superior de Justicia de Andalucía) le retiró la autorización ambiental el mes pasado, y las balsas que se encuentran a lo largo del río Jarama por las provincias de Madrid y Toledo, que se ha declarado que no suponen riesgo para la población, aunque con presencia de Estroncio-90 y Cesio-137. Son conocidas como las Banquetas del Jarama. Se relacionan con un escape radiactivo en 1970.

El CSN (Centro de Seguridad Nuclear) ha determinado que en estos suelos no existe riesgo radiológico significativo.

Otros casos son contaminaciones por hidrocarburos u otros compuestos no radiactivos:

La laguna de Arganda del Rey (Madrid) que posee vertidos de un aceite compuesto por una mezcla de hidrocarburos y ácido, acumulado desde principios de los años 90, con una capacidad de 50.000 metros cúbicos. Su limpieza llevará más de una década.

Las aguas de la ría de Bilbao, durante mucho tiempo contaminadas con metales pesados, los cuales originan serios problemas de salud como cáncer, y, algunos tan peligrosos como el plomo y el mercurio, debido a su alta toxicidad y permanencia tanto en el organismo humano como el medio en el que se encuentra. Actualmente, es un problema solucionado, debido a la reducción de empresas contaminantes, el aumento del oxígeno en las aguas por reducción de vertidos industriales y la construcción de la depuradora de Galindo. Futuro optimista, aunque muchos de los metales pesados siguen allí. Sin embargo, la limpieza va por buen camino.

El caso más reciente, es el caso de Felanitx en las Islas Baleares, en la isla de Mallorca, en el que una empresa, durante 15 años, utilizó dos vertederos ilegales que produjeron filtraciones al suelo, que tardará en recuperarse mucho tiempo, y que además podría afectar también a las aguas subterráneas. Es necesario un proceso de limpieza.

Un caso aislado, se produjo hace unos meses, en el parque de Sant Martí (Barcelona), se encontraron indicios de plomo así como pesticidas en el suelo, no permitidos actualmente, seguramente debido a que había una fábrica de tintes y colorantes para ropa. La situación no trascendió más allá.

Dentro del carácter crónico podríamos englobar el caso de Palomares y las Marismas de Mendaña por los residuos que poseen. Los otros tienen recuperación, pero en muchos casos será muy lenta.

Futuro

La recuperación de un suelo es algo muy costoso, que lleva mucho tiempo y aun así nunca llega a recuperarse del todo, por su lenta capacidad de reabsorción y su lento proceso de formación. Un centímetro cúbico de suelo tarda en formarse entre 100 y 1.000 años.

En el caso de España, es necesario un inventario de suelos contaminados por radiación y establecer medidas para su recuperación, algo en lo que se está trabajando, pero que no termina de ver la luz.  Más información sobre tema de residuos nucleares en la web del CSN o sobre contaminación de suelos en la página web del Ministerio para la Transición Ecológica.

Esta contaminación es un gran problema, no tenerlo en cuenta es un gran error, ya que condiciona todo lo demás en numerosos aspectos como la presencia de bosques, la contaminación de acuíferos… En resumen, una mala gestión de este recurso condiciona también nuestro futuro.
No sólo las empresas contribuyen a ello. Por ejemplo, una botella de aceite de coche sin vaciar por completo o electrodomésticos fuera de puntos limpios pueden contribuir a estas filtraciones al suelo. Jugamos un papel muy relevante y evitando este tipo de residuos, evitaremos estas filtraciones.

No solo es necesario para nuestro entorno, sino también para nosotros mismos.

Jaime García Martín

 

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