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Sociedad y Medio Ambiente

Alimentos funcionales: Beneficios

Octubre 2010

Los alimentos funcionales son aquellos que, además de poseer un valor nutritivo, aportan un beneficio extra al organismo. Si los introducimos en nuestra dieta diaria de forma equilibrada, nos ayudarán a mejorar nuestra salud y bienestar, así como reducir el riesgo de padecer determinadas enfermedades. Algunos de los beneficios que aportan son, por ejemplo, ayudar a mejorar el sistema inmune o controlar el colesterol, así como a favorecer un adecuado crecimiento y desarrollo.

Estos alimentos contienen ciertos minerales, vitaminas, ácidos grasos, fibras o sustancias antioxidantes, ya sea de forma natural o a través de modificaciones que los enriquecen en este tipo de sustancias, haciendo que contengan mayor cantidad del compuesto beneficioso. 



Podemos encontrarlos en todos los grupos alimenticios, desde frutas y verduras hasta carnes o pescados. Una persona sana que sigue una dieta equilibrada ingiere todos los nutrientes que necesita, porque los componentes que hacen que un alimento sea funcional siempre han estado presentes en la naturaleza. Esto implica que no debemos dejarnos llevar por modas sociales que promueven el consumo de determinados productos, ya que si verdaderamente queremos obtener los beneficios de estos componentes, nos bastará con llevar una dieta sana, mostrando especial atención, si cabe, a ciertos grupos de alimentos, pero nunca descuidando los demás. 



Por tanto, por ejemplo, para que un alimento sea funcional no es necesario que proceda de la agricultura ecológica, aunque no hay que olvidar que si además cuenta con este añadido, se evita el consumo de productos químicos que pueden ser perjudiciales para la salud, además de estar promoviendo un consumo respetuoso con el medio ambiente. Dentro de la gama de productos ecológicos, podemos encontrarlos en el mercado en forma de harinas de avena, zumos de frutas o cremas de verdura basadas en alimentos funcionales. 



El término “functional food” apareció por primera vez a finales de los años 80, en Japón, donde actualmente este tipo de productos ha adquirido una gran popularidad. Este país fue pionero en el desarrollo de investigaciones sobre los efectos beneficiosos atribuidos a un producto concreto. En Europa, el primer documento basado en estudios científicos sobre los alimentos funcionales fue elaborado en 1999 por un grupo de expertos coordinados por el ILSI (International Life Sciences Institute), según el cual “un alimento funcional es aquel que contiene un componente, nutriente o no nutriente, con efecto selectivo sobre una o varias funciones del organismo, con un efecto añadido por encima de su valor nutricional y cuyos efectos positivos justifican que pueda reivindicarse su carácter funcional o incluso saludable”. 



Algunos ejemplos de estos componentes y de los alimentos donde podemos encontrarlos son: 



Carotenoides: zanahorias, tomates y productos derivados del tomate , varias frutas, col, acelga, espinaca, maíz, huevos, cítricos… 



Fibra dietética: salvado de avena, avena enrollada, harina de avena, salvado de trigo, cereales… 



Ácidos grasos: nueces, avellanas, linaza, salmón, atún y aceites de pescado, carne de vaca y cordero… 



Flavonoides: moras, cerezas, fresas, uvas rojas, té, cacao, chocolate, manzanas, cebolla, brócoli, cítricos…. 



Isotiocianatos : coliflor, brócoli, repollo, col, rábano… 



Estanoles/esteroles de las plantas: maíz, soya, trigo, aceites de la madera, alimentos y bebidas fortificadas… 



Prebióticos/probióticos: ajo, miel, puerro, alimentos y bebidas fortificadas, yogurt, otros productos lácteos… 



La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), encargada de emitir veredictos favorables a aquellos productos que demuestran suficiente evidencia científica, por tercera vez consecutiva, ha vuelto a decir que las propiedades saludables que se atribuyen a muchos de los alimentos funcionales no están claramente demostradas debido a la falta de información. O al menos, no lo suficiente como para utilizarlas como reclamo publicitario. 



EFSA, que comenzó en 2007 a ofrecer este servicio a las empresas alimentarías, ante las presiones de los consumidores, destaca que la falta de información incluía la incapacidad para identificar la sustancia especifica en la que se basa el reclamo, falta de evidencia de que sea beneficioso para la salud, falta de precisión sobre lo que se quiere publicitar o falta de estudios sobre humanos. 



Para Federico Lara, coordinador nacional científico de Nutrición y Seguridad Alimentaria de la empresa Puleva, si que hay estudios científicos que demuestran los efectos beneficiosos para la salud de los grupos prebióticos y cita el del grupo europeo de expertos en prebióticos publicado en The Journal of Nutrition en enero de este año. El trabajo concluye que los prebióticos son eficaces a la hora de reducir infecciones, una de las reclamaciones que ha desechado EFSA en su última revisión. 



Está previsto que en junio de 2011 acaben de revisar las 4.637 peticiones llegadas desde todos los estados europeos. Cuando termine la revisión, pasarán su veredicto a los países de la UE que, aunque no tienen obligación, es previsible que legislen sobre la publicidad de los alimentos analizados. 



El organismo europeo es consciente de la dificultad del procedimiento, por lo que ha organizado una serie de seminarios para proveer de guías adicionales a los solicitantes. El primero de ellos tendrá lugar el 2 de diciembre y se centrará en las reclamaciones sobre las relaciones entre la flora bacteriana del intestino y las funciones inmunológicas. 


Enlaces de interés:

http://ific.org/sp/nutrition/functional/index.cfm

Fuentes: 


El Mundo, Natura, número 8, noviembre 2006
Público, 21 octubre 2010

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