Combustibles fósiles

Flojera petrolera

oilHace unos días el Gobierno de Arabia Saudí anunció una crisis de gobierno y dentro de ella el cambio del nombre del importante Ministerio de Petróleo por Ministerio de Energía. No contento con ello, el gobierno saudí lanzó el programa Vision 2030, uno de cuyos pilares es, en palabras del príncipe Muhammad Bin Salman, “terminar con la dependencia del petróleo de Arabia Saudí”, que viene a ser como el propietario de una licorería declarándose abstemio.

A muchas millas de distancia, Tesla recibe cientos de miles de reservas de su Modelo 3, lo que tiene mucho mérito porque el coche no existe todavía y la reserva no es gratis, hay que aforar 1.000 dólares para entrar en la lista de espera. El Tesla 3 es un coche eléctrico.

¿Y qué dicen los técnicos? El último informe de la Agencia Internacional de la Energía muestra una renqueante curva de consumo, que cada año crece menos que el anterior. La AIE espera que los 100 millones de barriles de petróleo diarios se alcanzarán por los pelos hacia 2020, y no está claro que esa cifra se supere en los años siguientes. Esa cantidad equivale a aproximadamente un quinto de litro de petróleo (como un botellín de cerveza) para cada hombre, mujer y niño de nuestro planeta al día. Por cierto, un barril de petróleo (unos 159 litros) equivale a 42 galones. La cosa viene del siglo XIV, en Inglaterra.

Hay muchas razones para este desmayo en el consumo petrolero, después de tantos años de crecimiento alegre y sostenido (excepto en 2008 y 2009). El oro negro pierde posiciones en el sector residencial y comercial, en general en medio urbano. El transporte por carretera, que supone alrededor de cuatro de cada diez barriles consumidos, tampoco ofrece buenas perspectivas de crecimiento. La demanda de gasolina en Estados Unidos baja a medida que aumenta la eficiencia media de los vehículos. Y eso sin contar el factor Tesla.

Todo esto y muchos datos más llevan a la AIE a proclamar un hecho histórico: por primera vez, la curva del crecimiento de la economía y del consumo de energía se ha desacoplado de la curva de crecimiento de las emisiones de CO2, es decir del consumo de combustibles fósiles, singularmente el petróleo, el antiguo puntal de nuestra civilización.

Repsol, por boca de su presidente, no está de acuerdo con este panorama. En vez de energía “verde y limpia”, apuesta por energía “justa y responsable”, es decir, la que “cueste lo que la gente pueda pagar”. Antonio Brufau cree que el “mix” energético no cambiará en muchos años, porque el consumo de petróleo aumentará “conforme aumente la clase media”.

Precisamente dos días después, un estudio mostró como la clase media, en España, había perdido 3 millones de efectivos. En general, sumando toda clase de indicios, parece que hay derecho a decir que, más que un apocalíptico “peak oil” (el máximo de producción de petróleo, a partir del cual bajaría su disponibilidad, sumiendo al mundo en el caos) nos encontramos próximos a un vulgar “peak of oil consumption”, el comienzo del desinterés, de la pereza petrolera.

Jesús Alonso

 

 

 

 

 

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