Aislamiento y regulación

Beneficios

Para el medio ambiente

Mejorar el aislamiento de las viviendas puede ser una de las mejores soluciones para reducir la emisión de contaminantes a la atmósfera, entre ellos los gases de efecto invernadero. Hay que tener en cuenta que el requerimiento de energía -para mantener una agradable temperatura interior- de una vivienda bien aislada, es la mitad del necesario en una vivienda con poco o nulo aislamiento térmico, y que esto se aplica tanto a las necesidades de calefacción en invierno como a las de refrigeración en verano.

El consumo de energía para climatización (calefacción + aire acondicionado) viene a suponer aproximadamente entre un tercio y la mitad del total de consumo de energía en los hogares. Las previsiones apuntan a un crecimiento continuo del consumo global de energía para este uso: la mejora de los aislamientos podría invertir esta tendencia.

Una vivienda promedio pasaría de un consumo de 16.000 kWh a 9.500 kWh, con un correcto aislamiento térmico (una reducción del 40%). Teniendo en cuenta casos particulares, la posibilidad de reducción del consumo energético se evalúa, gracias al aislamiento, entre un 60% y un mínimo del 15%, según los casos. ¡Un 15% de reducción en el consumo de energía es realmente importante! Otras experiencias realizadas en varios municipios con mejoras radicales del aislamiento, apuntan a un ahorro energético que oscila entre el 65 y el 75%. En algunos casos llegan a ser autosuficientes energéticamente.

Para tu bolsillo

Instalar un buen aislamiento en una vivienda supone siempre un importante ahorro económico en la factura de la calefacción y del aire acondicionado. Estas economías no son en absoluto simbólicas: para una vivienda de 100 metros cuadrados, se podrían ahorrar desde unos 200 euros con un aislamiento mediano, hasta más de 1.000 euros al año con un nivel de aislamiento alto, según el combustible y el tipo de vivienda.

En edificios de nueva construcción, el sobrecoste de instalación de un nivel de aislamiento alto suele ser inferior al 2%. Es decir, con una pequeña cantidad extra garantizamos grandes ahorros económicos durante toda la vida útil del edificio.

Es evidentemente más caro trabajar sobre una vivienda ya construida que en edificios de nueva construcción. Pero incluso en este caso, reforzar el aislamiento supone una reducción de la factura energética que se amortiza en pocos años.

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