Hablemos de medio ambiente

El agua

No podemos prescindir del agua más de unos pocos días: es el verdadero fluido vital. Pero a veces no le damos todo el valor que merece. Aprende a mejorar el uso del agua que hacemos en nuestra vida cotidiana.

Algunas preguntas y respuestas sobre el consumo doméstico del agua y la sostenibilidad:

Durante más de un siglo, la política del agua en España se ha basado en incrementar la oferta de agua a toda costa, principalmente mediante la construcción de embalses y canales, algunos de ellos planteados incluso como trasvases de larga distancia. La política del agua se dedicaba a explotar los ecosistemas acuáticos mediante obras con cargo al presupuesto público, sin preocuparse apenas ni de los impactos ambientales ni del coste real del agua. La medida más polémica de los últimos años fue la intención de trasvasar 950 hectómetros cúbicos anuales del Ebro a las cuencas mediterráneas de Cataluña, Jucar, Segura y el Sur. La nueva política del agua que preconiza la Directiva marco propugna exactamente lo contrario: proteger y recuperar los ecosistemas acuáticos, y hacer que los usuarios paguen los verdaderos costes del agua, excepto en casos muy justificados por razones sociales.
La reformulación del Plan Hidrológico Nacional, en las áridas condiciones climáticas y meteorológicas que tiene gran parte de España, ha llevado a serios enfrentamientos y debates entre las partes implicadas con intereses enfrentados. Aunque siempre han existido buenas intenciones para gestionar el agua los resultados no han sido ni son del todo satisfactorios: parece haber comenzado una era de “guerras del agua”.

Aún así, acostumbrados a décadas de agua muy barata y abundante (aunque no en todo el país) la necesidad de aumentar la eficiencia en el uso de agua cala muy lentamente en la conciencia de la mayoría de la población. Es un tema de vital importancia el que todos participemos con nuestras actividades y conductas cotidianas en el uso de agua.

¿Cuánta agua necesitamos?

La cantidad de agua imprescindible se puede estimar en unos 5 litros de agua potable por persona y día. Esta cantidad es necesaria para compensar las pérdidas de agua que acarrea el metabolismo corporal.

Recuerda que los humanos quemamos los alimentos con oxígeno produciendo dióxido de carbono y agua, sin contar la gran cantidad de líquido que perdemos por la transpiración a través de la piel. Ningún humano ha sobrevivido más de unos pocos días sin agua.

Un sencillo cálculo nos muestra que 5 litros * 365 días = 1.825 litros al año por persona; * 40 millones de personas = 73.000.000.000 de litros, es decir, 73 hectómetros cúbicos para todo el país. Es el contenido de un embalse de tamaño medio, como los que se construyeron a centenares en los años 50 y 60.

Según la encuesta publicada por el INE en 2014 el consumo medio por persona al día en los hogares españoles es de 132 litros.  Es una buena noticia porque en 2003 si situaba en 167 litros por habitante y día. No obstante, en las redes públicas de distribución se sigue perdiendo un elevado porcentaje (hasta un 20%) del agua disponible en fugas, roturas, etc.

¿Cuál es el consumo doméstico de agua?

Todos los porcentajes son orientativos, pues cada vivienda es un caso particular.

En el cuarto de baño
Es aquí donde se consumen las dos terceras partes del total de agua potable que entra en las casas. Es por lo tanto el punto clave para tomar medidas de ahorro.
• 35% en la limpieza personal, en la ducha y el lavabo
• 30% en el retrete , para la eliminación de desechos corporales.

En la cocina
La cocina sigue en importancia al cuarto de baño por lo que respecta al consumo de agua y por lo tanto a las posibilidades de ahorro.
• 20% en el fregadero , para la preparación de alimentos y la limpieza de la vajilla
• 10% en la lavadora

Por toda la casa:
• 5% en la limpieza de la casa

En el balcón o el jardín
• Cantidades muy variables en el riego de plantas y jardines

Y el único consumo realmente imprescindible:
• Uno o dos litros por persona (menos del 0,5%) en agua para beber.

¿Por qué se estiman las necesidades de agua en España en más de 35.000 hectómetros cúbicos, 500 veces la cifra anterior?

Se trata de un malentendido. Aparte de los irrenunciables cinco litros por persona y día, no necesitamos agua. Lo que sí necesitamos es alimentarnos, eliminar nuestros desechos corporales, limpiar nuestro cuerpo, nuestra ropa, la vajilla y la casa, artículos y bienes de consumo, esparcimiento que incluya la posibilidad de nadar, y tal vez ornato en las calles en forma de fuentes urbanas.

Algunos de estos procesos se podrían llevar a cabo sin emplear agua -como es el caso de la limpieza de tejidos en cámaras de ultrasonidos, o la eliminación de desechos por tuberías neumáticas- pero en general lo más cómodo y adecuado es emplear el socorrido líquido. Además, las plantas comestibles y los animales necesitan agua más o menos como nosotros.

De manera que, siendo realistas, las necesidades razonables de agua superan de largo los 73 hm3 anuales. El problema es averiguar cual es la cifra de trabajo, a partir de la cual se pueda empezar a diseñar un sistema de abastecimiento con el adecuado margen de seguridad.

¿Por qué no podemos gastar toda el agua que queramos?

Por la sencilla razón de que el agua procede de la lluvia, y la lluvia es irregular. Nunca podemos estar seguros de que lloverá mañana… o el año que viene. Por esta razón, lo lógico y conveniente es utilizar como cifra de agua disponible el supuesto peor, es decir, una serie de años secos. Si pensamos que el agua disponible es la que cae un año medio, y la consumimos toda, tendemos problemas cuando llegue esta sucesión de años secos.

¿No sería mejor construir más embalses, para que no se desperdicie ni una gota de agua en el mar, en lugar de poner en marcha medidas de ahorro?

En primer lugar, el agua no se desperdicia cuando corre por los ríos y termina en el mar. Los ríos son ecosistemas que necesitan agua para la vida de las plantas y animales que en ellos habitan, y aportan nutrientes a la vida marina cuando desembocan en el mar. Es necesario dar a la naturaleza su parte, que se suele llamar caudal ecológico.

Además, la red de embalses de la península ibérica es ya la más densa del mundo, con la posible excepción de California. En realidad, la red de embalses es capaz de acopiar casi la mitad del agua total disponible (en un año medio). Pero los años medios son una entelequia estadística: cuando llega una sucesión de años secos, simplemente no hay agua disponible que almacenar. Un embalse no sirve de nada si está vacío, y eso es lo que ocurre en un período largo de sequía.

El ahorro de agua es por lo tanto una manera de disponer de agua sin temor a las restricciones. Se trata de fijar un consumo sostenible, que siempre esté por debajo de la cantidad de agua disponible en el supuesto peor, es decir, en época de sequía. Por ejemplo, instalar grifería economizadora de agua en 10.000 viviendas equivale a construir un depósito de agua ahorrada del tamaño de un pequeño embalse… lleno de agua.

¿Cuánto nos cuesta el agua?

El precio del agua potable en España es variado. Depende principalmente de la frecuencia e intensidad de las lluvias en la región, pero también de otras peculiaridades como la demografía en las distintas regiones. Estadísticas de medio ambiente del INE, en 2015 revelan que el precio medio oscila entre 1,30  a 1,90 euros el m3 de agua.

Por lo general, la incidencia de su precio sobre el presupuesto familiar es escasa , inferior a un 0,5 %, por lo general inferior a la de países de nuestro entorno (0,8% Alemania, 1% Austria, 0,8 Reino Unido, 0,5 Holanda, 0,4 Italia).

La factura del agua suele reflejar tres conceptos principales: aducción (que se refiere al coste de las infraestructuras de acopio, pozos y embalses), distribución (en relación con la red de cañerías que lleva el agua hasta las casas) y saneamiento (refleja el coste de la depuración de las aguas residuales.

Por desgracia, muchas viviendas no tienen contador individual, y el edificio paga una factura única que se reparte a prorrateo entre los vecinos. Obviamente, esto desincentiva cualquier iniciativa de ahorro de agua.

El precio del consumo medio para una familia oscila entre los 400 y los 50 euros al año. Es mucho menos de lo que se paga por la energía eléctrica o el combustible para la calefacción. Por esta razón, las medidas de eficiencia en el consumo no pueden emplear apenas el ahorro económico como argumento.

Por todo ello, las organizaciones internacionales y la propia Directiva marco del agua propugnan un precio del agua que se aproxime lo más posible a sus costes reales, eliminando los subsidios al respecto que han mantenido durante muchos años los precios del agua artificialmente bajos.

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