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TTIP

Cinco señales por las que el TTIP debería preocuparnos

ttipEl Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP por sus siglas en inglés)  es un acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y EE.UU. que se lleva negociando desde junio de 2013. A pesar de ser este un tratado que afecta a más de 800 millones de personas, hasta hace unos días casi nadie sabía el significado de estas cuatro letras. Pero la semana pasada cambiaron las cosas: Greenpeace filtró documentos secretos de las negociaciones y el TTIP comenzó a tomar nombre en casi todos los medios de comunicación y redes sociales.

Lo que en un principio debería ser algo bueno, un tratado comercial que debería garantizar los Derechos Humanos, la protección del medio ambiente y dirigirse hacia el desarrollo sostenible, se aleja mucho de estos tres epígrafes. Y es que el afán por el poder y el beneficio económico de las multinacionales siempre va en dirección contraria a los objetivos de las instituciones internacionales y de la ciudadanía.

A continuación se muestran algunas de las señales que explican por qué el TTIP es un asalto a la democracia, como bien narra Adoración Guamán en su libro sobre el tratado.

Falta de transparencia

La Comisión Europea habla de transparencia en las negociaciones, pero lo cierto es que el acuerdo se ha estado gestando todo este tiempo con opacidad y secretismo, a espaldas de los ciudadanos y poniendo numerosas trabas a los eurodiputados que intentaban acceder a los documentos de la negociación. En julio de 2014, el jefe negociador de la UE, Ignacio García Bercero garantizó a EE.UU. que los documentos del acuerdo no serían públicos hasta 30 años después de las conclusiones negociadoras.

Pero Bruselas ha tenido que ir modificando su política de comunicación, debido a las constantes presiones que solicitaban una transparencia real y a la creciente oposición al tratado. Y a pesar de haber hecho públicos algunos datos, ha sido necesario que se filtrase una serie de documentos para que los medios de comunicación hicieran eco sobre el tema y para que los ciudadanos se interesaran o, mejor dicho, se enteraran de lo que es el TTIP. Pero también para informar a los eurodiputados a los que no se les permitía entrar en la famosa reading room, la sala en la que se ‘’podían’’ consultar los textos de las negociaciones bajo juramento de confidencialidad, tiempo limitado y estricta vigilancia. Hasta los mismos eurodiputados se han topado con una serie de trabas al intentar informarse sobre el acuerdo. Y, pese a todo, este acuerdo continúa siendo un misterio para muchos.

No solo se trata de un problema de falta de transparencia por parte de los negociadores, sino también de falta de información y participación ciudadana. Hacer secretas las negociaciones de un acuerdo comercial que afectaría a más de 800 millones de personas es, sin duda alguna, atentar contra la democracia.

Las empresas se sitúan por encima de los ciudadanos

Lobbies y grandes empresas son los actores principales en las negociaciones del Tratado. Personas no elegidas por nosotros están decidiendo en nuestro lugar con el objetivo único del beneficio propio. La aprobación del TTIP nos dirige hacia una gobernanza mundial corporativa –aún más fuerte que la actual- aferrada en que el mundo funcione exclusivamente para los beneficios del capital a costa de los derechos de las personas.

La reconocida politóloga Susan George afirma que el TTIP quiere homogeneizar las economías de EE.UU. y la UE, lo que daría a las corporaciones el poder de controlar las leyes de los estados. ‘’La cuestión es que este tratado es un programa de las corporaciones. Todo lo que contiene se está negociando en nombre de las grandes multinacionales: estas contactan con los negociadores, tienen acceso al contenido del tratado y quieren controlar las regulaciones comerciales”.

Los tribunales de arbitraje

Además, el Tratado contempla la imposición de unos tribunales de arbitraje que permitirían a las corporaciones denunciar a los estados que regulen en contra de sus intereses. Es decir, con el TTIP las empresas podrían demandar a los gobiernos ante tribunales privados (prevaleciendo su propio interés sobre el general), si percibiesen que una nueva ley o regulación les supone pérdidas de beneficios. Y solo las empresas tienen la posibilidad de demandar a los Estados, no al revés.

Imaginemos que una importante tabacalera denuncia al Estado en el que opera porque las fotografías y frases que advierten que fumar mata (obligadas por ley a ser colocadas en cada paquete de tabaco), hacen que los fumadores compren menos cajetillas. Imaginemos que el juicio se lleva a cabo en un tribunal privado y que es el Gobierno el que finalmente debe indemnizar a la empresa tabacalera.

Desregulación y rebaja de los estándares sociales y ambientales

La UE suele tener estándares más proteccionistas y regulados (que benefician a los ciudadanos) respecto a EE.UU, por lo que la equiparación de las normativas a ambos lados del océano podría derivar en una rebaja de los estándares sociales y ambientales, al tomar como referente la legislación más laxa de cada zona, como han solicitado las grandes empresas. Las políticas de ambas potencias difieren en demasiados aspectos. ¿Acaso será EE.UU. quien modifique sus leyes para asemejarlas más a las europeas? ¿O será la UE quien rebaje todos sus estándares alimentarios, medioambientales o laborales? La Unión Europea no permite importar carne estadounidense tratada con hormonas o utilizar cloro para eliminar patógenos de los pollos para el consumo humano, por lo que si el TTIP se aprobase, la seguridad alimentaria del consumidor estaría en peligro.
En los documentos filtrados, ninguno de los capítulos hace referencia a la regla de Excepciones Generales que permite a los estados regular las reglas de comercio “para proteger a los seres humanos, la vida animal y vegetal o la salud” o para “la conservación de los recursos naturales no renovables”, por lo que las políticas de protección ambiental. parecen haber sido eliminadas. Los documentos filtrados tampoco dicen nada sobre la protección del clima, el objetivo principal de la COP21 que ambas potencias se comprometían a cumplir.

Es un tratado antidemocrático

Por todo lo anterior, que no son más que solo algunos ejemplos, el TTIP se puede calificar como un acuerdo que atenta contra la democracia. Negociaciones a espaldas de los ciudadanos, desinformación, ausencia de participación, interés empresarial por encima de los ciudadanos, tribunales en los que se privatiza la justicia, rebaja de los estándares sociales y ambientales y por ende de los Derechos Humanos,… En resumen, estamos yendo hacia una gobernanza mundial corporativa en la que nuestros derechos y el planeta se ven amenazados. Pero ahora la ciudadanía ya está enterada. Queda abierto el debate.

Yasmín Tárraga

@YasminTarraga

Un comentario sobre
Cinco señales por las que el TTIP debería preocuparnos

  1. En efecto, las corporaciones o el mundo empresarial mundial, tienen una gran influencia en los gobiernos de los paises y de las agrupaciones de paises como la UE o los USA. La alternativa de la influencia de las corporaciones o el mundo capitalista es la influencia de los políticos socialistas y comunistas o que se llamaba antes “de economía centralizada”. La gestión de los bienes de mundo realizada por socialistas y comunistas han generado acumulación de poder en clases dirigentes disfrazadas que no persiguen el bien común sino el de unas mafias movidas por intereses sectarios sin ética ni moral. Es la “dictadura del proletariado” dirigida por farsantes que viven en un mundo inmoral y falso. Sus actos anulan la creatividad de la raza humana y crea parásitos viciosos y ociosos populistas que alimentan a su secta de dirigentes. Las corporaciones son libertad y las dictaduras de cualquier tipo son esclavitud.

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