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lunes 25 de enero de 2010

Ecolujo: un capricho o una necesidad

El “ecolujo” o lujo sostenible, términos que a simple vista parecen contradictorios, parecen imponerse en el mercado de la alta costura y joyería. Atrás quedó la percepción de hippie y andrajoso vestirse con tejidos orgánicos y teñidos con tintes naturales, para pasar a formar parte de una moda exclusiva y “auténtica” como sinónimo de lujo. Así lo han adoptado prestigiosas firmas en los desfiles de moda más sonados. Usar fibras de bambú, de soja, algodón ecológico, de cáñamo, plásticos reciclados por Armani, Versace, Stella McCartney, las joyerías Tiffany & Co -que dejó de vender coral- y De Beers -que controla el proceso de extracción y comercialización de diamantes- es el último grito de lo “chic”.

La lista es interminable, desde la alta costura hasta las firmas más populares que como Zara y H&M que llevan ya unos años vendiendo prendas de algodón ecológico. Y nuevas líneas de afamadas marcas que tampoco dudan en crear colecciones “verdes”, como la próxima oferta de Tiziana Domínguez para Adolfo Domínguez.

No cabe duda que las preferencias del consumidor han logrado cambiar algunos procesos extractivos, de elaboración y comercialización de materias primas para volverlos sostenibles, mantenerse a flote en el mercado y no quedar fuera de las elecciones del consumidor.

El “ecolujo”, un capricho del consumidor y una necesidad de los comerciantes.

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jueves 20 de noviembre de 2008

Algunas mentiras del reciclaje o por qué a veces es mejor callarse.

“Valdemingómez sólo recicla el 11% de la basura” ese era el contundente titular de la edición local de El Mundo hace una semana. Un madrileño medio sabe que Valdemingómez es el vertedero de Madrid aunque ahora se le llame Parque Tecnológico. Un madrileño medio cree que toda la basura de la región llega hasta allí y según si la basura viene del contenedor amarillo o del gris, o del de vidrio, o del de papel, se procede a su reciclaje, recuperación, separación, vertido o incineración según proceda. Un madrileño medio ha oído la leyenda urbana que dice que todo eso es mentira, que el camión que pasa a recoger la basura acaba mezclándola toda y llevándola al vertedero, como antes (leyenda que pierde todo misterio con una visita guiada a la planta y a su centro de visitantes). Dependiendo de la credulidad de este madrileño medio, procederá a preocuparse por separar en su casa los envases, (un 60%), o no hacerlo (un 40%). El titular aparecido en el Mundo alimenta la leyenda urbana ¿Para qué vamos a tener dos cubos en la cocina? ¿Para qué preocuparnos por saber qué va en el cubo amarillo y qué no… si al final sólo el 11% se va a recuperar?

Primero porque es una obligación. Y no hablo de conciencia ecológica, ni altruismo o buenas prácticas. Si al Ayuntamiento le sale bien la jugada, a partir de enero de 2009 se multará hasta con 750 euros a aquellos que no separen los residuos en casa. Y sí, habrá gente que se dedique a revisarlo.

Tras un asterisco detrás de los datos, en letra pequeña, el artículo afirmaba que ni el papel, ni el cartón ni el vidrio, los residuos con más facilidad para el reciclaje, llegan a Valdemingómez. No lo especificaba, pero evidentemente dentro de ese 100% que llega, están también todos los restos del contendor gris. Un 19% de la basura se incinera para aprovechar su energía, un 11,3% se recicla y el resto va al vertedero. No son los mejores datos posibles, ni deseables. Son criticables y muy mejorables pero son los que hay.

El titular de El Mundo dirige al lector a pensar en inutilidad del reciclaje, a la insumisión y al desprecio por el servicio de gestión de basuras haciendo un flaco favor al lector y a la ciudad que pretende informar. Los medios deberían ser más conscientes del poder de sus mensajes. Eganchar a un lector no es excusa para llevarle a ideas erróneas. Tienen una gran responsabilidad y deben informar con rigor mostrando todas las facetas posibles de la realidad que muestran. A lo mejor, cambiando ese “sólo” por un “ya”, un vecino más hubiese separado su basura en casa y contribuido a aumentar ese porcentaje.

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martes 28 de octubre de 2008

A la hora de la crisis, elijamos un banco ético y sostenible

La crisis financiera nos ha mostrado las locuras de las inversiones que se hacen en las empresas cuyos único interés es la rentabilidad.

¿Qué podemos hacer para tener un poco más de control sobre nuestros ahorros?

Existe una solución alternativa que nos permite elegir un banco cuyo interés no sea la rentabilidad a cualquier precio. Es la banca ética o banca social, sostenible, alternativa y responsable.

La idea principal es utilizar el dinero de forma responsable. Por supuesto el banco necesita ser rentable pero combina rentabilidad social y medioambiental. Los bancos éticos ofrecen intereses en sus cuentas de ahorro y depósitos comparables a los de la banca tradicional.

La rentabilidad de los ahorros de los clientes permiten financiar iniciativas novedosas que benefician a las personas y el medio ambiente. Son bancos que financian empresas, iniciativas,y proyectos de desarrollo sostenible.

Éstos bancos invierten en sectores como las energías renovables, la agricultura ecológica, la bioconstrucción, el turismo sostenible, las actividades culturales, el apoyo a personas… Y se han hecho populares por la concesión de microcréditos.

En general, el banco informa a sus clientes sobre las empresas y los proyectos financiados. De ese modo los clientes conocen en qué colaboran con sus ahorros.

En España, existe dos bancos éticos implantados: Triodos Bank, Fiare.

Los clientes del banco pueden ser particulares, empresas e instituciones que quieran ahorrar e invertir de forma responsable y ¡saber qué hace el banco con su dinero!

La ética de estos bancos toma un mayor sentido hoy gracias a la actual crisis financiera mundial.

Los bancos éticos nos ofrecen la posibilidad de que nuestro dinero “trabaje” en la misma dirección que nuestras ideas.

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viernes 17 de octubre de 2008

Taxis contra la crisis


Los taxistas de las principales ciudades europeas se quejan: ellos son los primeros damnificados por la crisis económica. “Cuando hay estrecheces, se prescinde de los más superfluo, es decir, los taxis y los restaurantes de lujo” – dice Julio Moreno, secretario general de la Asociación Gremial del Taxi en El País. ¿El taxi un artículo de lujo? Nada más lejos de la realidad. El taxi es el transporte público urbano más caro, lo que es muy distinto. Puede recogernos en cualquier parte y dejarnos donde deseemos, lo que explica su precio comparativamente elevado con respecto al metro y el autobús.

Pero no es un artículo de lujo. Según cálculos del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía, coger taxis con regularidad es más barato que mantener un coche, cuando el total de desplazamientos cotidianos al año no supera los 6.000 kilómetros. Por encima de este kilometraje, el taxi es económicamente más caro, aunque es probable que psicológicamente sea más barato. Piense en que supone olvidarse de seguros, talleres de reparaciones, repostaje de combustible, limpieza del vehículo, protección contra los golpes y rayajos en la carrocería, multas de tráfico, etc.

La Asociación Gremial comete un error considerando el taxi como un artículo de lujo. Es una parte imprescindible del transporte urbano, ecológico, público y sostenible como coche compartido que es. El principal problema del taxi, que hace que muchos de sus potenciales usuarios lo desechen para un trayecto y cojan en su lugar el metro, es el atasco permanente creado por los conductores de vehículos privados… que piensan erróneamente que ahorran conduciendo sus propios vehículos. Ignoran que les saldría más a cuenta ( y a su ciudad) dejar el coche en el garaje y coger un taxi.

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miércoles 5 de marzo de 2008

Contadores XXL


¿Sabría decir dónde está el contador de luz de su casa? Tal vez tenga que pensar un minuto. Ah, sí, en ese oscuro rincón detrás de la puerta. Puede incluso que esté en un cuarto cerrado con llave en las profundidades de los sótanos del edificio. ¿Y el contador del agua? Puede que sea ese artefacto bajo el fregadero, al fondo a la izquierda, detrás del cubo de la basura, o ese otro colocado en un lugar completamente inaccesible del cuarto de baño. ¿El del gas? Ahí ha tenido más suerte: está bastante accesible, en la parte de fuera de la ventana de la cocina.

Otra cuestión es lo que indican los dichos contadores. El modelo más común de contador eléctrico indica una cifra de consumo pasado que se puede referir a meses, años o el último siglo, sin ninguna indicación, mientras que un disco situado bajo los números gira con más o menos rapidez, según el consumo instantáneo. El del agua es parecido, con varios diales diminutos que giran a distintas velocidades según cuentan (al parecer) litros, decenas de litros y metros cúbicos. Se necesitarían conocimientos de ingeniería para interprtar estos datos.

No parece lógico que los indicadores de consumo de productos escasos, caros y preciosos para nuestra civilización, como el agua y la energía, tengán la misma consideración en la decoración doméstica que los trapos de limpiar el polvo y el cubo de la basura. Deberían estar en mitad de la pared del salón, grandes y rutilantes, indicando consumos y potencias presentes y pasados, comparaciones y estimaciones de todo tipo. Tal vez sería un buen campo para la domótica el desarrollo de estos aparatos. En cualquier caso, serían mucho más efectivos contra el derroche de los recursos que cualquier medida de concienciación que podamos imaginar.

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lunes 4 de febrero de 2008

Una oportunidad de oro...


... para poner en práctica la sostenibilidad acaba de surgir en la A-6, la carretera que une la ciudad de Madrid con los pueblos de la Sierra. Explicada con brevedad según la información publicada en El Mundo, 4-feb-2008, la cuestión es la siguiente.

Actualmente, la A-6 tiene 41 metros de ancho, incluidos los arcenes y la mediana, y cuatro carriles en cada sentido, que soportan un tráfico que va de intenso a infernal según las horas del día.

El ministerio de Fomento quiere abrir dos carriles nuevos exclusivos para el transporte público, con lo que la carretera ganaría 3,5x2=7 metros en total, invadiendo propiedades y obligando a costosas indemnizaciones. El ministerio de Fomento muestra así su decisión de estar al plato y también a las tajadas, fomentando el transporte público pero sin hacer nada para convencer a los usuarios del coche de que se lo dejen en casa.

Ahora mismo, en la A-6 el transporte privado gana al transporte público por 4 a 0 (en cada sentido). La propuesta de Fomento es que el autobús consiga un punto, dejando la situación en 4 a 1. Pero existe otra opción: convertir dos de los carriles ya existentes en exclusivos para el transporte público. La situación quedaría así un poco más equilibrada (3 a 1), y el coste sería prácticamente cero. La asociación de propietarios afectados por las expropiaciones mantiene una postura similar.

La parte más peliaguda viene ahora. El autobús contaría con un carril propio y exclusivo, mejorando así su velocidad comercial y la comodidad de los pasajeros. Los coches tendrían un carril menos para las situaciones de atasco, empeorando así su velocidad y la comodidad de los conductores. Pero, como repiten una y otra vez los manuales de buenas prácticas sostenibles, un autobús ocupa 25 veces menos espacio y contamina diez veces menos por pasajero que los coches. Ya ven, es una decisión que hay que tomar en conciencia.

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jueves 24 de enero de 2008

Uso y abuso de los certificados de sostenibilidad


Si la presencia de la sostenibilidad en el mundo real es escasa, su presencia en los medios de comunicación empieza a ser abrumadora. Proliferan las entidades de todo tipo que añaden la palabra “sostenible” a su nombre.

Algunas empresas utilizan como estrategia la idea de asociar abiertamente y en bloque su actividad con la sostenibilidad, basándose generalmente en índices o listas avaladas por organizaciones de mayor o menor prestigio internacional. No obstante, el argumento “somos sostenibles, puesto que así lo afirma el índice XXX” es muy peligroso, porque la disparidad entre la altura celestial alcanzada y la cruel realidad cotidiana del impacto ambiental de la entidad se revela muy pronto.

Así, muchas empresas nos tratan de vender la idea "sostenible" sin informar correctamente de los distintivos, certificados y avales con que cuentan. Una cosa es contar con certificaciones ISO 14001 y EMAS que garantizan que la empresa está llevando a cabo un proceso de gestión ambiental, pero no que los productos o servicios que nos venden sean sostenibles. Otra cosa son las etiquetas ecológicas que garantizan productos como electrodomésticos eficiente que no garantizan los procesos productivos; mientras que las etiquetas ecológicas sí garantizan tanto los procesos como los productos.

¿El concepto sostenible o sostenibilidad no cree usted que es arbitrariamente utilizado como estrategia de marketing?

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viernes 28 de diciembre de 2007

Molinos o gigantes


Red Eléctrica de España acaba de publicar los datos sobre producción eléctrica del año que está a punto de terminar. Allí se puede ver que la energía eólica ya ha sobrepasado la barrera del 10% de generación eléctrica. Junto con la hidroelectricidad, casi iguala la producción nuclear. Sumada a otras maneras de producir electricidad mucho menos importantes (como la fotovoltaica, o la biomasa), el caso es que la producción eléctrica sostenible se acerca ya a un robusto 25% del total.

Conseguir un 10% de suministro a partir de la fuerza del viento no ha sido fácil. Las mejores plumas del país han cargado contra este tipo de energía, en tono despreciativo –"algunos molinillos"–, conmiserativo –"los días en que no hay viento, tampoco hay energía eólica"– o abiertamente compasivo –"siempre necesitarán una fuente de energía convencional detrás como respaldo".

El caso es que, al ritmo de crecimiento de los últimos años, la electricidad eólica superaría a la nuclear en cuatro o cinco años. No existen barreras tecnológicas significativas para un crecimiento tal, y en realidad los únicos obstáculos que debe superar la electricidad renovable son psicológicos: abandonar la idea de que la única fuente fiable de energía es la que se produce apretando un botón para quemar combustible.

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jueves 27 de diciembre de 2007

17 euros


48 euros pagan los salmantinos por el servicio de recogida y tratamiento de basura, o RU (Residuos Urbanos). La cifra ha saltado al dominio público por la protesta multitudinaria de los vecinos de la ciudad en su hermosa Plaza Mayor. Entre otros motivos del descontento vecinal, como una subida del IBI del 16,6%, y otra de la tasa de depuración de aguas del 13,7%, aparece por sorpresa una subida de la tasa de basuras del 34,8%, con lo que pasaría de media de 48 euros a 65, unos 17 euros de diferencia al año.

Dejando parte la ira vecinal por más o menos oscuras operaciones urbanísticas que ha sufrido la ciudad en los últimos años, la conclusión es la habitual: no estamos dispuestos a pagar ni un céntimo de euro de más por que nos recojan y traten la basura que producimos (media tonelada al año por persona) o depuren el agua que ensuciamos (60.000 litros anuales per cápita). Sencillamente, no lo consideramos un servicio vital, como la telefonía o la luz eléctrica.

No obstante, una reciente encuesta del CIS averiguó que casi un 90% de los españoles estaría dispuesto "con seguridad o probablemente" a modificar su estilo de vida para adaptarse al proceso del cambio climático. Tal vez no estaría mal hacer una encuesta preguntando a la gente cuál sería el precio justo para la retirada de basura de su hogar. Y usted, ¿cuánto estaría dispuesto a pagar?

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