Logotipo de la Fundación Vida Sostenible (texto) - Volver a página de inicio

lunes 25 de enero de 2010

Ecolujo: un capricho o una necesidad

El “ecolujo” o lujo sostenible, términos que a simple vista parecen contradictorios, parecen imponerse en el mercado de la alta costura y joyería. Atrás quedó la percepción de hippie y andrajoso vestirse con tejidos orgánicos y teñidos con tintes naturales, para pasar a formar parte de una moda exclusiva y “auténtica” como sinónimo de lujo. Así lo han adoptado prestigiosas firmas en los desfiles de moda más sonados. Usar fibras de bambú, de soja, algodón ecológico, de cáñamo, plásticos reciclados por Armani, Versace, Stella McCartney, las joyerías Tiffany & Co -que dejó de vender coral- y De Beers -que controla el proceso de extracción y comercialización de diamantes- es el último grito de lo “chic”.

La lista es interminable, desde la alta costura hasta las firmas más populares que como Zara y H&M que llevan ya unos años vendiendo prendas de algodón ecológico. Y nuevas líneas de afamadas marcas que tampoco dudan en crear colecciones “verdes”, como la próxima oferta de Tiziana Domínguez para Adolfo Domínguez.

No cabe duda que las preferencias del consumidor han logrado cambiar algunos procesos extractivos, de elaboración y comercialización de materias primas para volverlos sostenibles, mantenerse a flote en el mercado y no quedar fuera de las elecciones del consumidor.

El “ecolujo”, un capricho del consumidor y una necesidad de los comerciantes.

Etiquetas: , ,

martes 19 de enero de 2010

La salud de los camareros


Representantes de los hosteleros españoles se han rasgado las vestiduras ante la decisión del Gobierno de prohibir fumar en bares y restaurantes. Auguran un negro futuro para el sector de las cañas y las gambas, con 200.000 puestos de trabajo perdidos y el cierre de innumerables establecimientos.

En otro lugar de la economía, representantes de los consumidores de gasolinas y gasóleos y empresarios del sector ponen el grito en el cielo ante la subida paulatina pero constante de los combustibles. El Gobierno actúa de manera benéfica en este caso, publicando listas oficiales de las gasolineras más baratas y apoyando el sector del coche privado con todas las medidas a su alcance.

He aquí dos colectivos que merecen toda nuestra compasión: los dueños y dueñas de bares y restaurantes, abocados a la ruina por la prohibición de fumar en sus locales –sus parroquianos organizarán reuniones en sus casas, donde todavía pueden fumar si les da la gana, y dejarán a los bares cubrirse de polvo y telarañas– y los conductores de coches, obligados a una agotadora búsqueda de la gasolinera más barata y que, efectivamente, han reducido en un buen porcentaje en el último año el uso del vehículo privado.

Pero hay otros dos colectivos que no pueden menos que alegrarse de la prohibición de fumar en los bares y de la subida de la gasolina, que son los camareros y los peatones. Ambos grupos de personas tragan el humo ajeno sin poder escapar, en el primer caso porque trabajan en el interior del local cerrado donde se fuma y en el segundo caso porque viven en el interior del local cerrado –la atmósfera de la ciudad– donde los coches lanzan gases a la atmósfera.

No tienen más que consultar los datos de concentración de gases dañinos en la atmósfera de nuestras ciudades para convencerse de que la calidad del aire en un bar atestado de fumadores no puede ser mucho peor. Hoy en día los fumadores siempre pedimos permiso antes de encender un cigarrillo en una habitación cerrada. ¿Llegará un día en que los conductores hagan lo mismo antes de sacar el coche a las calles de su ciudad?

Vea aquí el informe de la hostelería sobre la ley del tabaco

Y aquí el informe de Ecologistas en Acción sobre contaminación atmosférica y salud

Etiquetas:

martes 5 de enero de 2010

El dilema del huevo


Coja una lupa, acérquese a la nevera y examine con atención el primer huevo de gallina que encuentre en el departamento correspondiente. Verá una secuencia de letras y números de color rojo en la superficie del huevo. Si el primer número es un 0 o un 1, está usted de enhorabuena: se trata de un huevo puesto por gallinas criadas en razonables condiciones de calidad de vida. Porque los animales también tienen calidad de vida, como los humanos. Si el número es un 3 o un 4, podrá estar seguro de que la corta vida de las gallinas que han puesto ese huevo ha sido cruel y penosa. Porque las gallinas también pueden llevar vidas crueles y penosas, como los humanos.

Si mira en la caja donde compró los huevos con el número 4, verá que pone algo así como “huevos procedentes de gallinas criadas en jaulas”. Las jaulas en cuestión miden unos 25 cm. de ancho y contienen dos o tres animales. Imagine dos o tres gallinas vivas pernoctando dentro de su microondas. Hay millares de jaulas superpuestas en hileras, ocupando todo el espacio disponible de las naves donde se crían. El total de gallinas en una instalación de este tipo puede ser fácilmente de 50.000. Los animales tienen el espacio justo para bajar el pico, recortado generalmente para evitar que se hieran a sí mismas o a sus compañeras de jaula, y comer de una cinta continua que les lleva un alimento cuya composición es mejor no saber con detalle.

Cualquier persona decente haría lo posible para no consumir jamás huevos procedentes de estas instalaciones. Están marcados en la caja y señalados con el número 4 en cada unidad. Pero hay un problema: cuestan de 1 a 2 euros la docena, según el tamaño, mientras que los clase 0 ó 1 salen por 3 ó 4. Pues bien , amigo, ha llegado la hora de sustituir la cantidad por la calidad. El huevo siempre fue un alimento escaso en España, hasta el punto que un dicho popular bastante siniestro decía “cuando seas padre, comerás huevos”. Más tarde la producción avícola se industrializó de tal manera que los precios bajaron tanto que, hacia 1985, el consumo de huevos era de unos 300 por persona y año. Un consumo tan exagerado no se podía mantener, y hoy en día es de unos 200. Y lo más seguro es que una cifra mejor para nuestra salud esté en un consumo de huevos en torno a los cien anuales, dos a la semana.

Usted no sabrá que hacer con todo el dinero que ahorra dejando de comprar tantos huevos, de manera que ahí va una sugerencia: inviértalo en comprar huevos de clase 0 ó 1. Su salud, y las propias y esforzadas gallinas, se lo agradecerán. Y olvidaba decir que también contribuirá a reducir notablemente su huella ecológica. Recuerde que compartimos el planeta con muchos millones de personas que también tienen derecho a comer bien.

Etiquetas: ,