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miércoles 26 de agosto de 2009

Un ciudadano indignado con la sostenibilidad

Hemos recibido la siguiente carta de un ciudadano indignado que nos gustaría compartirla con vosotros:

" Personalmente me gustaria saber que opinán sobre la futura implantación de sanciones a quienes no separen los residuos. Personalmente creo que si son para hacer la vida sostenible, es un error y que sólo logrará que las arcas públicas sean mas sostenibles y como viene siendo habitual, que el ciudadano esté más jodido. Con estas medidas lograrás que cojamos la basura y la echemos al monte o directamente al mar.

¿Por qué no se generan industrias de separacion de residuos? ¿Por qué debe caer nuevamente la amenaza de sanción sobre el consumidor? Esto es un mero nuevo modo de robarnos el poquito dinero que nos va quedando a los asalariados mientras fundaciones como esta y como otras miles se desviven para encontrar formulas para seguir perviviendo del dinero ajeno, sin producir nada, sin aportar nada.

Separen ustedes las basuras, construyan plantas de reciclaje, esa sería la mejor fundación. Pero no sólo de recogida, sino de separacion. Las empresas de reciclaje que hay ahora sólo recojen, pocas separan y es más, lo que no vale dinero te lo dejan en la puerta (un depósito de gasolina de un vehículo por ejemplo).

¿Por qué tengo que hacer yo un trabajo de separación en mi casa para que empresas privadas de recogida se lucren con ello? Lo haré si me meten en nómina ¿Y si mi casa es de 30m2 dónde meto tanto recipiente? ¿Alguien piensa alguna vez en facilitar la vida al ciudadano en vez de arruinarsela? Pues aquí, este servidor, no reciclará por imperativo legal.

¿Dónde queda la libertad del individuo a elegir? Se está cercenando todas las libertades al amparo de asociaciones y fundaciones de todo tipo pagadas por aquellos que perdemos libertad amparadas por un Gobierno sin cabeza, sin políticas y sin escrúpulos.

Esto por no hablar del tercer mundo, que se le prohibe salir de la miseria bajo la excusa de la sostenibilidad. ¿Me pueden explicar cómo una sociedad puede progresar con energía solar? Una escuela de Rwanda se alimentaba con placas solares y no podian encender un microondas. Occidente se hizo rico contaminando y ahora no queremos que nadie contamine, no queremos que produzcan, no queremos competencia, hablando claro. Somos una sociedad hipócrita hasta decir basta. "

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miércoles 19 de agosto de 2009

Otra vez habrá que mirar al cielo en otoño


Nada menos que 4.500 hectómetros (4.500.000.000.000 litros) ha vertido el río Ebro al mar entre enero y mayo de 2009, informa el diario ABC. Que un río vierta agua al mar parece normal. Mucha gente lo cree desde la escuela, cuando aprendíamos de memoria estos famosos versos

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar
que es el morir.

escritos hacia 1477 por Jorge Manrique. Don Jorge no conocía la avanzada tecnología hidráulica actual. De ser así, habría escrito

Nuestras vidas son los ríos
que (gracias a la falta de infraestructuras de acopio de agua, por la equivocada política hidráulica socialista) van a dar a la mar (desperdiciando así millones de metros cúbicos de agua)
que es el morir.

¿Qué podemos hacer? Lo cierto es que hay soluciones. Si toda la cuenca del Ebro estuviera completamente alicatada no se desperdiciaría ni una gota del agua de lluvia (los fabricantes de baldosas, que abundan en la cercana provincia de Castellón, se pondrían muy contentos). La idea es convertir toda la cuenca en una gigantesca superficie impermeable, por donde discurra el agua camino de innumerables depósitos y reservorios. Así no seguiríamos como en los tiempos de Jorge Manrique, mirando al cielo para ver si llueve.

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viernes 14 de agosto de 2009

La credibilidad de los límites de velocidad



Gracias a la organización Automovilistas Europeos Asociados, nos acabamos de enterar de que hay dos clases de límites de velocidad: los creíbles y los increíbles. Según su portavoz, cuando el límite no es creíble, los conductores no lo respetan.

Al lado se proponen algunos añadidos a las señales de tráfico que pueden ayudar a resolver este problema.

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miércoles 12 de agosto de 2009

Libertad para los coches


Un país donde casi todo el mundo tiene coche es un país seguro. El automóvil puede sustituir con ventaja a la familia y a la religión en su papel de corsé social y de dique contra la anarquía y la revolución.

El propietario de un coche tiene que gastar en él una enorme cantidad de dinero, para comprarlo, alimentarlo de gasolina, pagar sus impuestos, darle alojamiento, repararlo si se estropea, etc. Ese dinero, evidentemente, ya no lo podrá emplear en vicios. Tiene que dedicar una gran cantidad de tiempo a conducirlo, aparcarlo, llenar su insaciable depósito, lavarlo, llevarlo al taller, etc. Tiempo que no podrá dedicar a planear o realizar acciones subversivas.

Además, el Estado mantiene un vínculo de control férreo con todos y cada uno de los coches que circulan por el país, llamado precio de la gasolina. El precio de la gasolina reduce la política a un grado que todo el mundo puede entender: bajar la gasolina es bueno, subir la gasolina es malo. La culpa de la subida del precio de la gasolina la tiene ... (rellenar con lo que proceda). Los padres de la Inquisición, con sus toscos instrumentos de control mental, estarían muertos de envidia.

Lo malo en que están apareciendo nubarrones en este soleado panorama del automovilismo nacional. Poco a poco, al conductor se le niega el placer de conducir a la velocidad que quiera. El carnet por puntos fue el primer aviso. Ahora la DGT quiere poner miles de radares y artilugios medidores de la velocidad y –agárrense-– ¡multar a todo el mundo que supere sus límites legales!. Se penaliza la compra de cochazos, con la excusa de que contaminan más que los pequeños, y se pretende favorecer con subvenciones la adquisición de los ridículos vehículos eléctricos.

Por si fuera poco, se niega a los conductores al acceso al centro de las ciudades. Se peatonalizan calles a buen ritmo y se rumorea que hay planes para implantar peajes de acceso a los coches que quieran entrar en los cascos urbanos.

Los pretextos que aduce el gobierno para implantar esta tiranía sobre los automóviles son los habituales: reducir el número de muertos y de lisiados para toda la vida, las toneladas de tóxicos vertidos a la atmósfera, el ruido y la congestión urbana. La derecha antiverde no considera que nada de eso sea un problema. Cree, al contrario, que impedir que los conductores de automóviles hagan su santa voluntad es una muestra más del afán recaudatorio del gobierno, guiado por un trasnochado ecologismo de salón.

La derecha antiverde amenaza: esta política actual de acoso y derribo del conductor puede tener consecuencias no deseadas. ¿Vamos a tener automóviles (gracias en parte a las ayudas del gobierno) sin poder usarlos como nos dé la gana? Pues entonces, dejamos de comprar coches y se hunde nuestra civilización. Así de sencillo.

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martes 11 de agosto de 2009

Explotaciones mineras teñidas de hipocresía


El presidente de la Asociación Africana de Defensa de los Derechos Humanos (ASA-DHO), Golen Misabiko está detenido desde el 24 de julio en Lubumbashi, capital de la provincia de Kananga, la más rica en minerales de la República Democrática del Congo.

La verdadera razón de su detención no es otra que la publicación de su informe “La mina de uranio de Shinkolobwe: de la explotación artesanal ilícita al acuerdo entre la RDC y el grupo nuclear francés AREVA”. En dicho informe analiza la situación de la mina (oficialmente cerrada, pero que sigue en funcionamiento), en la que miles de trabajadores, incluyendo un gran porcentaje de niños, pasan muchas horas al día con ninguna medida de seguridad y en contacto directo con material contaminado por radioactividad.

Desgraciadamente esta situación no es noticia, todos sabemos, si queremos saberlo, que como en tantos otros ámbitos, los “países del sur” están corrompidos por su propio gobierno, que utiliza la explotación de sus abundantes recursos naturales para la financiación de guerras, o el simple enriquecimiento, mientras gran parte de la población vive en una situación de pobreza importante. Eso lo sabemos, y lo escondemos en algún lugar lejano de nuestra conciencia para poder vivir relativamente relajados en nuestro “primer mundo”, ya que creo firmemente que si pensáramos en ellos más de 20 minutos al día, nos costaría conciliar el sueño.

Sin embargo, lo verdaderamente vergonzante es que detrás de todas esas explotaciones ilegales, sin ninguna garantía social ni ambiental, están empresas de países tan desarrollados, tan democráticos, tan respetuosos con los derechos humanos como Francia (por poner el mismo ejemplo que esta noticia). Es hora de dejar de dar lecciones a los países del tercer mundo, de “enseñarles a pescar”, y mandarles comida y medicina cuando nuestra economía nos lo permite. En lugar de eso, podríamos dejar de contribuir a la destrucción de sus recursos, al enriquecimiento de los gobiernos corruptos, en definitiva, saquear su riqueza natural, cultural y sus oportunidades de desarrollo, para alimentar nuestra enorme maquinaria de mundo civilizado.

Lo sé, es difícil no caer en la hipocresía de dar lecciones a una población esclavizada, porque así parece que queremos cambiar las cosas. No debemos olvidar que, objetivamente, muchos de esos países son nuestra despensa, y la doble moral nos corrompe también a nosotros, tan alejados de aquella miseria, pero tan cómplices como sus gobiernos.

Definitivamente, no podemos permitir que empresas de nuestros países obtengan su materia primera de aquellos lugares donde no existen los derechos de los trabajadores, ni respeto por el medio ambiente.

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lunes 3 de agosto de 2009

Las energías renovables queman los bosques


Ya sabíamos que las energías renovables (las plaquitas y los molinillos, ya saben) son ineficientes, encarecen la factura de la luz, destruyen puestos de trabajo a velocidad de vértigo y nos conducen a la pobreza y seguramente a la catástrofe. Hoy nos hemos enterado de que las energías renovables también provocan los incendios forestales. Lo cuenta así el Chesterton español, Juan Manuel de Prada, en ABC: los incendios forestales son “urdidos por la avaricia de desaprensivos que tratan de obtener una recalificación de terrenos, o la tala de un bosque que dificulta sus proyectos subvencionados de plazas solares o molinillos de energía eólica”.

Lo de incendiar bosques para recalificar es un antiguo argumento del ecologismo, y ha conducido incluso a leyes que prohíben construir sobre terrenos recientemente quemados. Pero lo de la trama renovable detrás de los incendios es más novedoso. El caso es que talar un bosque para instalar aerogeneradores o “plaquitas” fotovoltaicas no tiene mucho sentido, teniendo en cuenta que los “molinillos” pueden tener hasta 50 metros de altura y están separados por muchos metros de distancia unos de otros, y que los terrenos despejados lejos de todo lugar habitado, perfectos para instalar placas fotovoltaicas, abundan más de la cuenta en nuestro país. Pero hay gente para todo, y puede que haya ocurrido algún caso. Lo importante es que ya tenemos otro argumento para la ofensiva “Renovables no, gracias” que venimos disfrutando últimamente: las energías renovables producen los incendios forestales. ¿Cuál será el siguiente? ¿Los aerogeneradores fomentan la violencia doméstica?. ¿La electricidad fotovoltaica produce cáncer? Al tiempo.

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