Si comes carne no eres sostenible

El otro día leí en dos guías de consejos para ser más sostenible y ecológico, una recomendación que me llegó al alma, ¡¡¡¡comer carne contamina!!!!!. Sí, parece ser que la cruzada vegetariana no tiene límites, no les bastaba con replantarnos todo con soja y plagar de Tofu todos nuestros platos favoritos. Ahora además parece que tenían razón. Dentro de poco tendremos que pagar bonos de carbono (medida que se usa para compensar las emisiones de CO2) por cada kilo de carne que incorporemos a nuestra dieta.
La carne contamina, bueno, ella no, sino las ventosidades del ganado. El metano que expulsan tiene un gran impacto en el efecto invernadero siendo uno de los gases implicados, como el vapor de agua y el ozono. Sí, hay más gases malvados además del CO2, pero el hecho de que hagamos hincapié en este se debe a que es el que nosotros, la humanidad, ha estado expulsando de forma incontrolada a la atmósfera en el último siglo.
El metano “siempre” estuvo ahí, lleva habiendo vacas, cerdos y humanos con flatulencias durante siglos. Hay que ser francos y admitir que el volumen de ganado que se tiene ahora para alimentar el primer mundo es muy elevado, con una huella ecológica muy grande. Y es real que tiene su parte en el cambio climático pero no sólo por las flatulencias.
¿Qué pasará con todas esas especies que usamos en la ganadería si dejamos de comerlas? Aquellas que hemos modificado y carecen de un espacio natural fuera del contexto humano, son animales que “deben” su existencia a la selección realizada por los humanos según su utilidad, y sobre lo cuales tenemos cierta responsabilidad.
Basándonos en la “fuerte” argumentación de que las vacas contaminan porque emiten mucho metano con su pedos, es decir porque comen y en definitiva porque viven, la solución fácil seria que dejasen de existir, que será lo que pasará si dejamos de comerlas. Porque no creo que ningún ganadero las alimente o mantenga si no va sacar beneficio, y es una realidad triste que el hombre ha eliminado a casi todos los animales que han competido por los recursos con él o como poco diezmado su población de forma significativa.
La solución, no sé cuál es, sí sé que la solución no pasa por la abstinencia cárnica, si no por un consumo responsable de la misma, es decir, menos cantidad y de mayor calidad, alimentadas de forma más natural, y por desarrollar métodos para reutilizar ese metano, como el que se utiliza para obtener el metano de los excrementos de los cerdos. Usemos esa imaginación que nos caracteriza para construir y no para destruir.
















