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lunes 29 de diciembre de 2008

Ecología y ecologismo: lo ecológico.


Siguiendo con la confusión de términos “eco“ ¿qué será algo “ecológico”? Según la RAE, es lo relativo a la ecología. Siendo estrictos en el término, cualquier producto que tenga consecuencias tanto positivas o negativas en el medio ambiente es “ecológico” en el sentido de que afectará a otros organismos vivos y sus poblaciones. Dejando a un lado la ciencia y basándonos en el ecologismo, aceptamos que son los productos cuyo consumo contribuye a la conservación del medio ambiente. ¿Es eso cierto?

En primer lugar es necesario afirmar que los alimentos ecológicos poseen una estricta normativa europea que les permite lucir en todo su esplendor el adjetivo. Su definición es clara y tienen etiquetados oficiales y organismos de control. El problema llega con los productos o servicios no legislados al respecto y que sí utilizan el término “ecológico” en su nombre: fábricas de ladrillos, detergentes, bayetas, ropa, coches, ordenadores e incluso ataúdes ecológicos.

Es importante revisar cada caso en particular: hay iniciativas pioneras, curiosas e incluso revolucionarias que merecen de sobra el adjetivo. Pero siendo sinceros en muchas ocasiones, lo “ecológico” es una marca publicitaria, un señuelo que intenta atrapar al consumidor concienciado para que se sienta mejor al creer que con su compra respeta el medio ambiente. En ocasiones no es cierto. El que un artículo esté fabricado con materiales naturales o que no tenga un componente contaminante concreto no garantiza que sea un producto sostenible, ni mucho menos que merezca llevar el término “eco”. Siendo un poco crédulos, podemos concluir que en muchos casos el producto ecológico es menos perjudicial que el que no lleva el adjetivo, pero en casi ningún caso podemos afirmar que contribuye a la conservación del medio ambiente (con la honrosa excepción de la agricultura ecológica). No existe por tanto conducción ecológica, ni edificios ecológicos (a lo mejor ataúdes sí, especialmente algunos casos). Podrán ser más respetuosos, más coherentes o mejores que la competencia, pero aún en estos casos convendría dejar a la ecología en paz.

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martes 23 de diciembre de 2008

Paciencia con la fotovoltaica

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¿Sabía usted que toda extensión de terreno batida por el sol es una mina? Los tejados son mejor todavía: por debajo se vive y se trabaja, y por encima la mina sigue funcionando, produciendo kilovatios-hora. Un anuncio publicado hoy mismo en el periódico proclama exultante “El techo de su empresa más rentable que el suelo” y añade “Si dispone de un techo de nave de 20.000 metros cuadrados, le pagamos 500.000 euros”. Otra empresa ofrece “hipotecas solares”. Mitsubishi planea reducir la fabricación de aparatos de aire acondicionado y comenzar a producir en masa paneles fotovoltaicos.

Eso son palabras mayores. Estamos hablando de dinero, de mucho dinero. Lejos quedan ya los tiempos en que la inauguración de medio metro cuadrado de panel solar en el techo de una escuela era todo un acontecimiento social, con asistencia del Viceconsejero de Medio Ambiente, que siempre aprovechaba el acto para reafirmar el compromiso de su gobierno con las energías renovables.

Ahora tenemos grandes subvenciones del gobierno, corrupción, prácticas ilegítimas (un porcentaje significativo de las instalaciones fotovoltaicas examinadas por la Comisión Nacional de la Energía sencillamente no estaban conectadas a la red) y un porcentaje todavía minúsculo de electricidad producida por la luz del sol, que apenas llega al 0,2% del total. Cualquiera diría que es hora de echar el cierre.

Puede ser todo lo contrario. Hace 10 años, la electricidad de origen eólico estaba en una situación similar, y hoy supone ya más del 10% de la producción eléctrica y le pisa los talones a la producción nuclear. La fotovoltaica resulta irritante hoy en día, pero sigue siendo interesante por varias razones: está próxima a alcanzar un porcentaje significativo de producción eléctrica (un 1% para empezar, y después el cielo es el límite), se puede colocar en casi cualquier lugar y seguirá funcionando y produciendo electricidad de manera limpia (al menos la mayoría de las instalaciones, las de mejor calidad) dentro de 25 años. Muchos años después de que se olvide lo cara y poco productiva que era.

Vídeo: "Un siglo de energía" Obra Social de Cajamadrid.

lunes 22 de diciembre de 2008

¡Compra más barato!

En este periodo de fiestas caracterizado por su gran consumo y con este “tiempo de crisis”, la publicidad redobla sus esfuerzos y nos bombardea con el eslogan “¡Compra más barato!”.

La publicidad nos hace creer que hay que comer productos de lujo, como el “marisco”, para pasar una buena navidad y a un buen precio. Al final, los productos son de menos calidad, vienen de más lejos, y siempre son más baratos.

Este bombardeo me choca.
¿Qué quiere decir comprar siempre más barato? ¿Qué modelo económico sostenemos al comprar todo más barato? ¿Dónde está el precio justo del producto? Hoy, el precio de los productos no refleja el coste de producción, el del transporte...
Esta injusticia de que el precio final no refleje el importe total es lo que me molesta, nuestra sociedad está obsesionada por el consumo a cualquier coste.
Prefiere comprar cada vez mas, sin atención a la calidad del producto o de las condiciones de fabricación…¡Al final, si compras un producto más caro, pero de mejor calidad, pareces un tonto!
¿Necesitamos realmente comer un marisco de calidad dudosa para pasar buenas navidades?

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miércoles 17 de diciembre de 2008

Mi coche ya usa biodiesel, por eso ya no contamino.


En Enero del 2009 todos estaremos usando gasolina y diesel más “verdes” gracias a una directiva europea basada en lograr una cuota de consumo de biocarburantes sobre el total de combustibles del 3,4% en 2009 obligando a las petroleras a mezclar una parte de bioetanol y biodiésel con gasolinas y gasóleos.

Ya podremos felizmente equipararnos a nuestros vecinos alemanes, franceses, holandeses e ingleses y sentirnos menos culpables por sacar nuestro recién comprado Audi “a pasear por el vecindario”.

Pero, ¿debemos estar más o menos contentos por esta noticia? Para mí, usuaria de transporte público es sólo atrasar el problema del uso inexorable de automóviles en muchos casos innecesario, y con ello, seguir dependiendo de los combustibles fósiles.
El cambio climático y la contaminación creciente de nuestro planeta están aquí y ahora, y sólo nosotros, ciudadanos con poder de acción y decisión sobre nuestras formas de vida podemos verdaderamente “make a change in this World”, sí, cambiar el mundo.
Siempre decimos que “si el gobierno hiciese esto o aquello…” pero, no nos damos cuenta de que es necesario un esfuerzo individual para conseguir un resultado colectivo.

Como estudiante de Ciencias Ambientales, trato de dar ejemplo y espero que los 5 años que llevo viajando a la universidad en transporte público y usando para ello 4 horas diarias (en vez de una hora que tardaría yendo en coche) sirva para que cuando lean esto, mediten un momento sobre sus estilos de vida.
El tiempo que he viajado tranquilamente en autobús y metro lo he utilizado para aprender a “usar mi tiempo” y ver que no todo es estrés y tráfico enfurecido, sino tiempo para parar y apreciar la vida.
Quizá todo esto sea demasiado abstracto, pero invito a los usuarios de transporte privado a que disfruten del transporte público y vean que es cómodo y no tan malo.
Con todo esto, ni mucho menos critico el uso de combustibles más limpios, es más, lo aplaudo. Pero acordémonos que las cosas no se solucionan por arte de magia, hay que aportar nuestro granito de arena diario y sentirnos orgullosos de hacerlo.

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martes 16 de diciembre de 2008

Ecología y ecologismo: las diferencias

Hace poco tiempo me sorprendió ver un simulador para la conducción eficiente de automóviles con el llamativo rótulo de “conducción ecológica”. ¿Cómo se conduce de forma ecológica? ¿emitiendo semillas en vez de CO2? ¿Tirando un carro por burros en peligro extinción?.

Últimamente el término “ecologismo” suele estar algo decaído, se asocia demasiado a posturas radicales o a la temida incorrección política. Por eso suele utilizarse el término “ecología” para referirse a la preocupación por el medio ambiente. Sin embargo, ambos conceptos comparten menos características de las que parecen.

La ecología es una ciencia. Tan neutra y aséptica como las matemáticas, la ingeniería química o la economía (con la que comparte prefijo, ideas y conceptos). Tiene números, teorías, leyes… les advierto que en un libro de ecología hay más gráficos extraños y largas ecuaciones que fotos de animales. Es una disciplina compleja que estudia las relaciones de los seres vivos con su entorno, cómo afectan los cambios en las poblaciones, cómo evolucionan los ecosistemas en número de especies según su altitud, humedad, suelo… La ecología como ciencia no entra en valoraciones sobre lo bueno y lo malo. Las cosas ocurren, y la ecología intenta encontrar las causas y consecuencias en los seres vivos.

El ecologismo es un movimiento social. Está marcado por premisas como la conservación del medio natural, la preocupación por el medio ambiente y aboga por integrar a la especie humana dentro del “sistema Tierra”. En muchas ocasiones entra en valoraciones llegando a posicionarse en un sector bien definido del espectro político. Es una corriente de pensamiento sujeta a la crítica y a los cambios en la sociedad. Como movimiento social, implica decisiones subjetivas e influenciadas por el comportamiento humano.

Y ahí está la diferencia entre el ecologista y el ecólogo. Uno es un militante y otro un profesional científico. De hecho puede haber ocasiones en las que ambas disciplinas se contradigan y ambos individuos se lleguen a enfrentar. Generalmente los ecologistas se sirven de la seriedad de la ciencia ecológica para defender sus ideas, mientras que muchos ecólogos se quejan de que el movimiento ecologista les resta credibilidad cuando los confunden con activistas. Aún así, para qué negarlo, el ecologista suele ser el alter ego del ecólogo, el Batman de Bruce Wyne.

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lunes 15 de diciembre de 2008

De la sensibilización a la acción

Es cierto que los medios de comunicación están hoy casi completamente implicados con la sensibilización ambiental. Llegan al común de la gente con mensajes que han logrado cambios de actitud frente a la conservación del medio, a consumir con moderación: ahorrar agua y energía, etc. Sin embargo, parece que no es suficiente, algo falla o falta para conseguir los objetivos de una larga lista de directivas que España trae a cuestas.

Traigo como acotación de posibles respuestas algunos puntos importantes del papel del cine y los medios de comunicación en la sensibilización ambiental, que comentó Luis Miguel Domínguez en la Mesa Redonda "De la sensibilización a la acción...", presentado en el Conama 9 por la Fundación Biodiversidad.

- En el ámbito de la televisión nacional y autonómica es necesario mover el objetivo de la cámara a parajes locales, basta ya de mostrarnos la biodiversidad africana.

- Se hecha en falta una sección de medio ambiente en el periódico El País.

- Y sobre todo, ha llegado la hora de que el mensaje trascienda del común de la gente a las instituciones, aquellas personas que administran, que deciden en altos puestos públicos. Se requiere un compromiso de conciencia ambiental de todo el ejecutivo nacional y autonómico, y no sólo del ministerio, consejerías y departamentos de medio ambiente

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viernes 12 de diciembre de 2008

Participación ciudadana, ¿Por qué, y para qué sirve?


La participación ciudadana es una alternativa a la forma de ver la ciudad y a su organización.
Los procesos participativos son garantes del ejercicio democrático y de la gestión de una ciudad para todos.

Cuando hablo de participación ciudadana, no quiero renunciar a la democracia representativa. Creo que el ejercicio de las dos es compatible.
Es necesario que haya políticos con una visión general y coherente de la ciudad, sin embargo, a nivel local, la visión del ciudadano es importante para enriquecer proyectos urbanos. La participación en el proceso de elaboración de un proyecto favorece respuestas adecuadas a las expectativas de los habitantes.

En ocasiones, el político se ve el interés de integrar a la ciudadanía para que participe dentro del ámbito de la vida local.
A veces, los ayuntamientos temen que los habitantes tengan la tentación de pedir cosas imposibles y caras, esto es una idea falsa.
En general, las proposiciones del ciudadano son razonables y menos caras (ya que de manera indirecta se trata de su dinero). Pero, es necesario escuchar, informar a los ciudadanos.
Estoy convencida que si hay reglas bien definidas, el ciudadano puede entender lo que es negociable y lo que queda a la decisión del político.

En la elaboración de un proyecto urbano, suele pasar que los técnicos del ayuntamiento, por falta de tiempo, conocen el barrio soló a partir de mapas. ¡Lo que me preocupa es que son ellos con las orientaciones de los políticos quienes eligen lo que hay que hacer para mejorar la vida de la población!

Los técnicos deberían reconocer que los ciudadanos sí poseen capacidad de análisis de su medio y por ello están en su derecho de participar en la política de ordenación territorial. ¿Quien sabe mejor que los ciudadanos lo que está bien para ellos o no?

No olvidemos que es la población quien utiliza todos los días el barrio, es el usuario. Los habitantes tienen sus lugares apropiados y simbólicos que no figuran en una mapa. Estos sitios tienen memoria y tienen una gran trascendencia para los ciudadanos. Hay que integrarlos en los proyectos del futuro.

Al nivel local, para la gestión, la participación ha demostrado su eficiente en varias ciudades de Europa. Hay que impulsar su desarrollo en las ciudades españolas.

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martes 9 de diciembre de 2008

Agua: más valiosa que la gasolina

Tras ver The End, un cortometraje en clave de western que muestra un futuro apocalíptico en el que el agua es más cara que la gasolina, los camiones cisterna son protegidos por la "Reserva Federal del Agua" estadounidense, quedé crispada con la posibilidad de los límites a los que podríamos llegar ante la desesperación por la sed.

Protegidos por la Segunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, el cortometraje muestra la primacía del derecho a proteger con armas la propiedad del agua frente al derecho humano de acceso al agua.

La trilogía de Mad Max de 1980, cuando fue estrenada, era una historia futurista e inverosímil. Hoy, bien sabemos que el control por el petróleo en el mundo ha iniciado guerras ¿absurdas?.

El mensaje que ha querido enviar el director de The End, Eduardo Chapero-Jackson, es una visión verosímil, desde mi punto de vista, del problema del agua ante la escasez. Vivir fuera de los Estados Unidos, creo que, no garantiza encontrar algún día gente armada buscando agua con desesperación.

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viernes 5 de diciembre de 2008

"Compra esta actitud"


Este verano pasado el Ayuntamiento de Madrid nos sorprendía con una campaña de publicidad para el ahorro energético donde no apelaba a nuestros sentimientos solidarios sino todo lo contrario, nuestro consumismo egoísta.

Al hilo de esta actitud y con la que está cayendo, bajar el termostato de la calefacción puede ser un soberano acto de humildad. La pérdida de empleo o su precariedad, la negativa de los bancos a financiar nuestras compras o el tambaleo de nuestras inversiones se nos pasan por la cabeza cuando ajustamos la temperatura de nuestra casa, o cuando echamos gasolina en los depósitos. Es economía pura y dura. Menos gasto, que hay vacas flacas.

Sin embargo esta triste resignación a “pasar con menos” podemos convertirla de repente en un orgulloso acto reivindicativo. Desde aquí propongo un autoengaño general, una nueva actitud para sobrellevar la crisis y lo que haga falta. Dejemos de ser víctimas y resolvámonos a ser héroes por la sostenibilidad. Pongámonos el jersey en casa por el bien planetario, usemos el transporte público para mejorar la calidad de vida de nuestras ciudades, reciclemos por disminuir nuestra huella ecológica. Y si alguien nos pregunta a qué viene nuestro cambio de actitud, respondámosle enérgicamente que es el momento de actuar, enseñémosle nuestras insignias ecologistas y hagámosle ver lo insolidario que es no comportarse de ese modo… que a nadie le importa nuestra situación laboral. Por lo menos, cuando vuelva la bonanza, algo se nos habrá quedado, ¿no?

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martes 2 de diciembre de 2008

Coches cuesta abajo


Las ventas de coches están cayendo rápidamente, hasta un 50% menos en el mes de noviembre de 2008 comparadas con el mismo mes del año anterior. Caen con especial estrépito las ventas de todoterrenos, unas tres cuartas partes, y aguantan algo mejor los vehículos pequeños. No es noticia para pasar por alto, porque hay decenas de miles de puestos de trabajo en juego. La industria automovilística está pidiendo desesperadamente ayudas al gobierno.

A muchos kilómetros de distancia, en Bruselas, la Unión Europea acaba de aprobar la exigencia de una limitación de las emisiones de CO2 de los vehículos, tras un forcejeo de años con la industria automovilística, reticente a emplear motores pequeños de baja emisión en los vehículos que fabrica. En conclusión, el coche eléctrico se ve cada vez como una salida razonable para la industria.

Una bajada de las ventas de un 50% en un bien de consumo indica que se trata de un artículo de semilujo. En realidad, los coches más baratos se siguen vendiendo mal que bien. La industria automovilística no fabrica ya vehículos utilitarios para el transporte, sino sofisticadas máquinas diseñadas para realzar el estatus de las personas que los compran, y esto se refleja en unas ventas demasiado dependientes de los períodos de euforia económica. Tal vez si fabricaran coches más sostenibles sus ventas serían también más sostenidas.

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